Casi la mitad de los agricultores valencianos tiene más de65 años. En concreto, el 48,07% del sector supera esa edad,  casi nueve puntos más que el conjunto de España donde el porcentaje se sitúa en el 39,56%, un porcentaje que sitúa a la Comunidad Valenciana como la segunda autonomía más envejecida de España, solo por detrás de Canarias, según los datos publicados por Ava-Asaja.

La falta de relevo generacional queda reflejada en las cifras. En la Comunidad Valenciana, los agricultores menores de 40 años apenas representan el 5,8% del total: solo un 0,52% tiene menos de 25 años y un 5,28% se sitúa entre los 25 y los 40. Un porcentaje que se encuentra tres puntos por debajo de la media nacional, situada en el 8,83%, y que evidencia las dificultades para atraer a nuevas generaciones al sector agrario.

En mi caso personal, que cumpliré 64 años el próximo mes de enero, y no tengo relevo generacional. La única alternativa para preservar el legado familiar que heredé de mis padres y que he cuidado y gestionado de la mejor manera que he sabido durante toda mi vida será arrendar las tierras, una posibilidad que no descarto en absoluto.

Pero mi situación no es una excepción. Como yo, hay muchos agricultores y propietarios de tierras en Fontanars dels Alforins que afrontan el mismo dilema. Se habla mucho de proteger el territorio y de poner en valor el terruño, pero sin agricultores que trabajen la tierra será muy difícil conservar ese paisaje y mantener viva la actividad agrícola que le da sentido.

El envejecimiento del campo valenciano se suma a otro problema de gran magnitud: el abandono de tierras de cultivo. La Comunidad Valenciana lidera el país en superficie de campos abandonados, con más de 180.000 hectáreas sin cultivar, una situación que refleja las dificultades para garantizar el relevo generacional y la rentabilidad de las explotaciones agrarias.

El sector primario atraviesa una situación crítica y se ha convertido en el farolillo rojo de las políticas europeas. La política agraria se dicta desde los despachos de Bruselas de espaldas a la realidad del mundo rural. Crece la burocracia y se reducen las ayudas. Según las organizaciones agrarias, la nueva Política Agraria Común (PAC) podría dejar sin subvenciones a más de 28.000 agricultores valencianos en 2032 y poner en riesgo de abandono cerca de 300.000 hectáreas de cultivo.

La falta de rentabilidad de las explotaciones agrarias desincentiva la incorporación de jóvenes al campo.

Cada vez son menos los jóvenes que deciden dedicarse al campo y optan por buscar oportunidades laborales en otros sectores, generalmente fuera de sus municipios de origen. Esta tendencia acelera el envejecimiento de la población agrícola y contribuye a agravar el problema de la despoblación en muchas zonas rurales.

La situación de agricultores y ganaderos es cada vez más complicada. Resulta imposible hacer viables las explotaciones agrarias, si los precios que percibe el agricultor por sus productos no alcanzan a cubrir los costes de producción. El agricultor no puede trabajar a pérdidas. Ninguna actividad económica puede mantenerse si trabaja de forma continuada con pérdidas. Las empresas que lo hacen terminan cerrando su negocio.

El campo no puede permanecer ajeno a la realidad económica. El sector reclama medidas que mejoren la rentabilidad de las explotaciones, reduzcan la carga burocrática y favorezcan el relevo generacional para garantizar el futuro de la agricultura valenciana.

Como señala mi buena amiga la periodista y escritora Isabel Donet, más allá de cifras y ayudas, el campo ha sido siempre mucho más que una actividad económica. En torno a él surgieron los pueblos, vimos cómo se transformaba el paisaje y nuestros antepasados aprendieron a medir el tiempo por las cosechas.

Se habla mucho de las nuevas tecnologías, de la era digital y, mientras quizá estamos olvidando que una sociedad también se cultiva, igual que la tierra con paciencia, esfuerzo y relevo generacional.