Paduana asistía a todas las ferias textiles. La más importante de todas era la que tenía lugar en Valencia: Textil Hogar. Allí exponíamos el nuevo muestrario de mantas. Entonces no hacíamos telas de decoración y tapicería. Esto vendría después.  

Venían casi todos los representantes y muchos clientes, aunque nunca fue una feria para vender, sino más bien para contactar con los clientes. A los clientes se les visitaba en la tienda. Las personas que nos visitaban salían con un regalo: desde bolígrafos y rotuladores a cartas o dados. La decoración era sobria, pero elegante. Los stands eran caros. Dependiendo de la ubicación y de los metros cuadrados contratados, pagabas más o menos. Por imagen había que estar en las ferias. Cosa distinta era si era rentable o no.

La crisis de Paduana

Paduana no fue ajena a la crisis del textil. La competencia asiática era feroz ya en aquellos tiempos, con una mano de obra mucho más barata. Era imposible competir por precio. Copiaban dibujos con absoluta impunidad. Les salía más rentable pagar la correspondiente multa que respetar los derechos de propiedad intelectual. Y, para reclamar, tenías que meterte en un auténtico laberinto administrativo. Las empresas como Paduana, que hacían todo el proceso en fábrica, tenían unos costes muy elevados.

Además, la manta era una prenda textil que no se desgastaba y duraba toda la vida. De hecho, todavía hoy, en muchas casas, hay mantas Paduana que forman parte del ajuar de la casa.

Paduana llegó tarde a la diversificación. Las empresas tenían que ingeniárselas para seguir vendiendo, así que se apostó por las telas de decoración y tapicería, un sector que comenzaba a estar en auge. La manta fue sustituida primero por el edredón y después por el nórdico, mucho más liviano y que, con una funda te permitía cambiar de diseño con el mismo artículo.

La manta tuvo su época de esplendor en los años 60 y 70, cuando la mayoría de las casas no estaban acondicionadas. No había calefacción en muchas de ellas y la manta se convirtió en un elemento necesario para combatir el frío.

En Ontinyent estaban las principales empresas del sector, como VS, Mora o Manterol. Los telares funcionaban a cuatro turnos, sin parar. Todo lo que se producía se vendía, fundamentalmente en el mercado exterior. Paduana, por ejemplo, estaba muy bien posicionada en Oriente Medio.

Ocurrió que las viviendas fueron cada vez más confortables y la manta se quedó como un elemento residual. Poco a poco fue siendo sustituido por el nórdico.

Había que diversificar. Las empresas que apostaron pronto por la tapicería y la decoración encontraron un nicho de mercado importante. Porque en el mundo de la empresa, quien da primero, da dos veces.

Sacamos una colección de telas de tapicería y decoración y contratamos para el departamento técnico a quien se suponía que más sabía detodo esto.

El nombre de Paduana nos ayudó mucho y te abría las puertas, pero no fue suficiente.

Por otro lado, las empresas envejecen y los equipos directivos también. Paduana durante un tiempo, estuvo muy anquilosada. Y eso finalmente le pasó factura.

En la familia éramos conscientes de nuestro legado. La empresa la fundó mi abuelo José Simó Marín en 1919. Las terceras generaciones en la empresa familiar suelen tener un mal final. Muy pocas sobreviven y Paduana no fue una excepción. Elaboramos un protocolo familiar, tanto en Paduana como en Clariana, para el acceso de los familiares a la empresa, con un nivel de exigencia bastante alto. Pese al empeño aquello sirvió de bien poco.

El problema no era tanto el acceso de familiares como quien pilotaba la sala de máquinas. Los relevos son siempre complicados, y más en las empresas familiares donde hay que ser extremadamente prudentes.