Con medio Gobierno de vacaciones, cerca de 10.000 personas siguen deambulando por Ceuta, sin que el Gobierno de España haya dado todavía una solución.

La única ministra que ha dado la cara desde que comenzó la crisis con Marruecos ha sido Margarita Robles. Las comparecencias de Grande- Marlaska son para hablar de la buena relación y cooperación con el Reino de Marruecos.

Los ciudadanos ceutíes tienen miedo. La ciudad está desbordada. Los marroquíes que han entrado ilegalmente en la ciudad viven en la calle. Como decía el presidente de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas: “ninguna regularización, ningún asilo, ningún traslado a la Península. Los que han entrado ilegalmente deben ser obligados a retornar a su país. Y lo ocurrido el jueves 30 de julio no debe volver a repetirse nunca más”.

Fue un ataque deliberado, permitido por Marruecos, que reclama Ceuta y Melilla, contra la integridad territorial española, en un momento en el que el país vecino sigue reclamando Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas. Un ataque contra la unidad y la integridad territorial de España debe ser respondido con firmeza, reforzando la frontera mediante el envío de tropas militares que garaticen su seguridad.

El buenismo del Gobierno solo puede provocar que otros miles de marroquíes intenten nuevamente  entrar ilegalmente en España. De hecho, se espera otro intento de asalto a la valla para mañana día 15.

Mientras tanto, Ceuta sigue esperando respuestas. Y un Gobierno no puede permitirse estar de vacaciones cuando una parte de España se siente abandonada.

Pero también estoy  en total desacuerdo con la postura de Vox y con las declaraciones  de uno de sus diputados más combativos, José María Figaredo cuando se refirió a los inmigrantes en  términos de “cazar y pescar”. Son unas declaraciones, a mi juicio, absolutamente desafortunadas e impropias de un representante público, aunque posteriormente después de la denuncia ante la Fiscalía haya intentado matizar sus palabras.

La inmigración ilegal no es solo un problema de España; es también un problema europeo y requiere una respuesta conjunta, firme y coordinada por parte de todos los países de la Unión Europea.

La ultraderecha aprovecha este caos para obtener rédito en términos electorales. No sería extraño  que, si ahora se realizara una encuesta en Ceuta y Melilla, Vox aparecería  como la fuerza más votada.

Y ese debería ser precisamente el motivo para que el Gobierno actuara: cuando el Estado no da respuestas, otros ocupan ese espacio con discursos cada vez más radicales.