La tormenta que cayó el jueves en Fontanars dels Alforins dejó 30 litros de lluvia y fuertes ráfagas de viento. Por fortuna, no cayó piedra, aunque el viento sí provocó daños en algunas plantaciones.
En mi caso, que he injertado cerca de dos mil almendros, las fuertes rachas de viento, que algunos momentos llegaron a alcanzar los 80 km/h, han roto muchas ramas y han provocado cuantiosos daños en la plantación. Ahora falta por ver si los árboles afectados conseguirán recuperarse.
No hace mucho tiempo, además, tuve la visita inesperada de un rebaño de muflonas que se comieron los brotes y las hojas de los injertos. En aquellos árboles en los que hayan arrancado o mordido la unión del injerto, probablemente el injerto esté perdido. Para volver a injertarlos habrá que esperar a que el árbol se recupere.
Estado de los árboles injertados después de la tormenta (Foto: PS)
Sin embargo, la lluvia llega en un momento beneficioso para la viña. Con la vendimia de las variedades tintas a punto de comenzar, estos litros servirán para que el fruto pueda engordar. La sequía estaba provocando un estrés hídrico en las plantas que impedía que las bayas aumentaran su tamaño. Al final, se trata de compaginar kilos con una buena calidad de la uva.
La uva estaba entrando en la bodega con muy buena sanidad y calidad, aunque corta de kilos, debido precisamente a la sequía que veníamos arrastrando, con unas jornadas de calor muy intenso.
Es fácil que, después de las lluvias, el grado haya bajado, por lo que habrá que esperar unos días antes de llevar una nueva muestra a la bodega. En el caso de la tintorera, ya había alcanzado el grado adecuado antes de las lluvias.
Ahora toca esperar para comprobar cómo ha afectado finalmente el agua a la uva y si las precipitaciones permiten afrontar la vendimia con mejores expectativas. Y, sobre todo, queda por ver si esta mejora en la producción puede ir acompañada de un precio que compense el esfuerzo y los costes que soportamos los agricultores.