¿Qué podemos esperar de un presidente del Gobierno que, después de un ataque a la integridad territorial de España y de una entrada masiva de decenas de miles de personas en territorio español, decide mantener intactas sus vacaciones, como si no hubiera ocurrido nada?
Pedro Sánchez no solo debería haber suspendido sus vacaciones en La Mareta, su residencia oficial o dondequiera que estuviera; también el Gobierno debería haber cumplido con su obligación de salvaguardar y defender la integridad territorial de España, protegiendo la frontera y utilizando todos los medios disponibles para garantizar la seguridad de los ciudadanos, incluido el Ejército.
La magnitud de lo ocurrido no admite minimizar la situación ni tratarla como un episodio migratorio más. Lo ocurrido fue posible porque el régimen de Marruecos lo permitió o, cuando menos, no impidió que miles de personas pudieran llegar a territorio español.
Sin embargo, no ha habido una reacción del Gobierno hacia Marruecos, proporcional a la gravedad de lo sucedido, como si las hubo contra Israel, con la ruptura de relaciones diplomáticas y la suspensión de la venta de armas.
La pregunta es inevitable: ¿por qué una entrada masiva en territorio español, que afecta directamente a nuestra integridad territorial y a la seguridad de nuestros ciudadanos, no merece del Gobierno una respuesta diplomática y política de la misma contundencia?
Si el Gobierno considera que Marruecos tuvo responsabilidad en lo ocurrido, debería explicarnos qué medidas ha adoptado para exigir responsabilidades y, sobre todo, qué garantías ha obtenido para que una situación semejante no vuelva a producirse.
¿Dónde están ahora los que defienden con tanta vehemencia la causa Palestina y se envuelven en su bandera, mientras viven cómodamente en lujosos apartamentos en Nueva York? ¿Dónde están cuando la crisis ocurre en territorio español?
¿Por qué no defienden con el mismo ahínco a los ciudadanos de Ceuta, a sus sanitarios y a todas las personas que están sufriendo las consecuencias de una situación de esta magnitud?
Decenas de miles de personas entraron irregularmente en Ceuta desde Marruecos, con todo lo que ello supone en términos de seguridad y como se ha demostrado posteriormente también de riesgo sanitario para toda la población ceutí.
Y, ante esta situación, la ministra de Sanidad, Mónica García durante su visita a Ceuta, que no quiso reunirse con los sanitarios, solo se le ocurrió negar el colapso sanitario yllamar xenófobos a quienes alertaron del riesgo sanitario.
Ahora hacen falta vacunas.
El Ministerio de Sanidad ha convocado de urgencia a las comunidades autónomas para abordar el suministro de vacunas destinado a los inmigrantes que permanecen en Ceuta. Ahora corren las prisas.
Miles de personas permanecen todavía en Ceuta, sometidas además a unas condiciones de alojamiento e higiene que han generado una importante presión sobre los servicios públicos y, especialmente, sobre el sistema sanitario.
Pues bien, esta señora, que en cualquier otro país tendría que haber dimitido por incompetente, sigue al frente del Ministerio de Sanidad.
¿Recuerdan cuando Salvador Illa, otro ilustre ministro de Sanidad, estaba al frente del Ministerio durante la pandemia y el Gobierno minimizaba el riesgo de contagios, empezando por otro ilustre personaje, Fernando Simón? Entonces nos contaron la milonga del comité de expertos que nunca supimos quienes lo componían porque seguramente nunca existió.
No se prohibió la manifestación del 8-M, pese a los riesgos de su convocatoria sino que se alentó a la participación porque decían, entre ellas, otra ilustre abogada, Cristina Almeida, que el machismo mataba más que el Covid. Todo está demasiado ideologizado, cuando la prioridad deberían ser las personas.