Tras vendimiar la tintorera, hoy me he puesto con los injertos de almendros, que, la verdad sea dicha, los tenía un poco abandonados. El año pasado tiré estiércol y está lleno de yerbajos y salicornios que no solo afean el paisaje sino que, además son competencia directa del árbol y de las plantas, restándoles agua y nutrientes.
El salicornio que, según cuentan, tiene propiedades medicinales, y cuya infusión dicen que es muy buena para las enfermedades de riñón, es un auténtico estorbo en el campo. Si lo dejas crecer mucho, como me ha ocurrido a mí, se emboza el cultivador y, cada dos por tres, hay que bajar a quitar la maleza.
Además, deja simiente. Es indestructible. Son durísimos. Cuando los arrancas, vuelven a enraizar. Yo tengo desde hace tiempo una batalla librada contra los salicornios y contra los vecinos que no labran sus campos cuando toca.
El salicornio, como todas las malas hierbas, hay que labrarlos cuando empiezan a salir y es pequeño. Entonces puedes hacerte con él. Si crece, estás perdido.
Quedan muy bien en las películas del oeste, rodando delante de la cantina, formando parte de la iconografía de los westerns, pero, en realidad, son un estorbo.
Me quedan por labrar las dos parcelas que las muflonas arrasaron, comiéndose las hojas de los injertos. Espero que los árboles se recuperen y no se sequen.
Esta semana llevaré una muestra de la cabernet, que ya le faltará poco para vendimiar. Espero que no me pase como con la tintorera, que la entré pasada de grado, con la penalización correspondiente en puntos.
Mañana labraré el majuelo de macabeo, cuyos bleds ya empiezan a recorrer las calles entre las cepas.
Esta semana continuamos con calor, por lo que es de esperar que maduren pronto. Estamos hablando de variedades que otros años se vendimiaban a mediados de septiembre y que esta campaña, como consecuencia de la ola de calor, se ha adelantado un par de semanas.
En el campo no se para. Cuando terminas con una faena, comienzas otra. La batalla sigue librada contra los bajos precios que percibe el agricultor.
Las asociaciones agrarias han convocado movilizaciones para el mes de septiembre. Las grandes bodegas están pagando precios irrisorios por el kilo de uva que, en la mayoría de los casos, no llegan a cubrir los costes de producción.
Se prevé, en general, una merma de kilos. Comunidades como Castilla La Mancha, principal productora a nivel nacional, han anunciado una reducción en la producción en torno al 30%. Eso sí, es una uva de extraordinaria calidad.
El problema de fondo sigue siendo el precio. Las bodegas aprovechan la situación del sector para exprimir al agricultor, que continúa haciendo su trabajo, exponiendo su patrimonio, y a cambio, no recibe unos precios justos.
Muchas bodegas lo está pasando realmente mal para vender sus vinos. La competencia es feroz y todas quieren colocar sus vinos en los lineales de las grandes superficies o en las cartas de los restaurantes.
El sector vitivinícola se enfrenta a una crisis estructural, con una caída del consumo cada vez más acusada y unas generaciones de jóvenes que cada vez beben menos vino. De ahí la apuesta del sector por vinos con baja graduación alcohólica e, incluso por vinos 0% de alcohol.