Blog 
El Blog de Josep Antoni
RSS - Blog de josep antoni mollà soriano

El autor

Blog El Blog de Josep Antoni - josep antoni mollà soriano

josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


Archivo

  • 01
    Marzo
    2018

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Valencia Comarcas

    un mercado medieval que podría ser la piedra angular del comerc

    un mercado medieval que podría ser la piedra angular del comercio

     

    A veces la flauta suena por casualidad. Y aunque las casualidades son inciertas y, seguramente, no atienden a razones ni a la lógica, la verdad sea dicha es que al gobierno de Ontinyent, con su creciente apuesta por el Mercado Medieval, esta vez le ha sonado y mucho. Pero esta  suerte de providencia no les ha caído del cielo. Responde a la constancia y a los méritos. Hasta el punto que su eco ha dejado en la sombra a ese festejo endogámico denominado “Mig Any Fester”. Y es que a poco que lo cultive y lo vista de rigor, el Mercado Medieval puede erigirse en un gran reclamo turístico, al ofrecer un nicho comercial inédito por estos pagos.

    De súbito uno llegaba, el pasado fin de semana, a la ontinyentina plaça de Baix, y el decorado de ambiente medieval, el bullicio, la orgia de olores y colores, hacían presagiar estar entrando en un zoco a lo Marrakech. Eso sí, desprovisto del regateo y de una antesala como la plaza moruna del Jemaa el Fana, a la umbría del Atlas, y a unos kilómetros del desierto sahariano.

     Tras andar entre gentes de toda edad y procedencia, y pasar el “porxet”, dejando atrás el sitio del antaño mercado de los lunes, se pisa una inusual plaza Major, repleta de tiendas y chiringuitos de carne asada. Para enfilarse, a continuación, por la antigua “peixcateria” o calle de las Rosas, camino del genuino barrio que habitaron los árabes en la Edad Media. Aquí la inmersión en el Zoco de Marrakech parece cobrar vida. Sin llegar al espíritu caótico que anida en la ciudad marroquí, el personal trajina la empinada calle de la Trinitat como cautivo. La trama del  barrio de la Vila, sin caer en el laberinto del zoco de Marrakech, plagado de callejuelas, que rebosan puestos y tenderetes, no le andaba a la zaga. Quizás se echaron en falta más bazares de cuero artesano, como allá en el sur. También se añoraron vinos y embutidos tradicionales del lugar. Siendo suplida la oferta comestible por quesos de cabra o embutidos extremeños y de otras procedencias. Los abalorios, la ropa con aire hippy, las especias o toda clase de artesanía, son productos expuestos a la mirada de la concurrencia.

    Emulando al ilustre escritor español Juan Goytisolo, residente en Marrakech durante los últimos lustros de su vida, cabe describir el zoco como un “Ágora, representación teatral, punto de convergencia: espacio abierto y plural, vasto ejido de ideas…”. El zoco ontinyentí, a lo mejor, ganaría en efervescencia y dialéctica social si incorporase el regateo árabe, en vez de aplicar precios contemporáneos y de temporada.

    Al igual que la ciudad que acogió a Goytisolo, durante los últimos años de su vida, el de Ontinyent debería aprovechar los dadivosos planes de rehabilitación, para mejorar s cromatismo con azules turquesa, blancos u ocres. Pero también para revitalizar y repoblar un núcleo  amenazado de desertización humana. El embrujo que el pasado fin de semana pareció cernirse en los tramos urbanos reseñados, o los de las plazas de Sant Pere o San Roc, revirtiéndolo como el de Marrakech, en “un mágico paraíso suspendido en el tiempo”. Fue un acierto que no se debería quedar en esa mera cita anual. El zoco de la Vila demostró que es una oportunidad que, convenientemente programada y racionalizada, podría erigirse en el centro de la vida económica y comercial ontinyentina. El tantas veces invocado turismo de interior, en un zoco bien llevado tiene un fuerte reclamo al que asirse.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook