Más de 60.000 personas sufren alguna enfermedad del riñón en España que les hace necesitar una diálisis o un trasplante. Así lo reflejan los datos de la mayor asociación de pacientes de enfermos renales del país, Alcer. Es más, esa cifra va en aumento. En 2018 se incrementó un 3 % la cifra de pacientes respecto al año anterior. Sin embargo, ciertas pautas de prevención pueden permitir que las personas con posibilidad de desarrollar una enfermedad renal puedan evitar sus daños.

Uno de los sectores de población que más deben tener en cuenta esta serie de consejos es el formado por las personas con diabetes. Entre el 30 y el 40 % de ellos desarrollan un daño renal a lo largo de su vida. De hecho, se trata de la causa más frecuente de insuficiencia renal terminal en Occidente. Por ello, para poder prevenir las alteraciones renales, es conveniente que los diabéticos controlen sus niveles de glucosa y la tensión arterial o su peso, que junto a otros factores como la genética, el estilo de vida, el tiempo de evolución de la propia diabetes o la edad pueden inducir al desarrollo de estos problemas.

¿Cómo se pueden prevenir estos daños renales? Según destacan desde Alcer Turia, la delegación valenciana de la asociación para la lucha contra las enfermedades del riñón, una de las claves no es solo evitar el daño, sino que éste no se desarrolle rápidamente. Para ello, recomiendan iniciar el tratamiento en sus primeras fases. Así, es aconsejable una visita al médico en la que se controle la tensión arterial -sistólica inferior de 130 mm/hg y diastólica menor de 80 mm/hg-; los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos; el índice de masa corporal (IMC), que debe ser menor de 30; y un análisis de orina, para descartar que existan infecciones urinarias.

Para poder tener los niveles más adecuados en cada una de esas medidas, es conveniente que la población de riesgo lleve a cabo una dieta baja en proteínas. Asimismo, deben controlar los hidratos de carbono y las grasas que consumen. Eso sí, con una supervisión médica estricta para evitar la desnutrición proteica.

¿Qué pautas puede llevar una persona en su vida diaria para estar en esos parámetros? Alcer Turia aconseja, entre otras acciones, beber mucha agua para mantener el cuerpo hidratado. Así, también insiste en comer sano para controlar el peso, pues la obesidad es un factor de riesgo; limitar la ingesta de sal y sodio, ya que una elevada tensión arterial puede afectar a los riñones y al corazón; practicar hábitos saludables como hacer ejercicio; evitar fumar y el exceso de alcohol; no automedicarse; o mantener una buena higiene para evitar posibles infecciones urinarias.

¿Qué hacer si avanza?

La consulta de Nefrología es la encargada de realizar el seguimiento de las enfermedades renales cuando éstas ya se han desarrollado. Este servicio informa a los pacientes sobre los distintos tratamientos con que se abordan estos problemas de riñón: el trasplante renal, la diálisis peritoneal o la hemodiálisis.

Una de las principales opciones en casos de insuficiencia renal avanzada es el trasplante renal, siempre y cuando éste sea posible. La recepción de un riñón de un donante vivo ofrece ventajas en términos de morbilidad y complicaciones, así como psicológicas y sociales.

La diálisis consiste en un proceso de filtrado artificial de la sangre en el que se sustituyen algunas funciones del riñón. Hay dos tipos: la peritoneal, en la que se instala mediante una cirugía menor un catéter en el abdomen y se emplea una membrana natural como filtro; y la hemodiálisis, en la que un circuito extracorpóreo con una membrana artificial se encarga de filtrar la sangre del paciente y eliminar las toxinas.

¿Cuáles son los síntomas a tener en cuenta?

Para poder prevenir y evitar un avance rápido de los daños en el riñón es necesario tener en cuenta cuáles son los síntomas que indican de la aparición de una insuficiencia renal crónica. Si se detectan pronto, se podrán tomar las medidas oportunas para retrasar su evolución. Entre esos síntomas se encuentran los cambios en la micción como pueden ser el incremento de la necesidad de orinar -sobre todo por la noche- o el cambio en el color de la orina hacia un tono pardo o rojizo. Asimismo, también son síntomas la hipertensión; la hinchazón en los párpados, pies, tobillos o manos -por la acumulación de líquidos que el riñón enfermo no logra eliminar-; la fatiga y la sensación de falta de aliento; los picores en la piel; el sabor metálico en la boca; las náuseas y los vómitos; o los mareos.