Todo empieza con la aparición de molestias cuando caminamos. Al observar nuestros pies cuando nos quitamos los zapatos descubrimos que tenemos un callo o lo que se llama popularmente un ojo de gallo, de pollo….

¿Pero que es un callo? «Cuando hablamos de callos hablamos de una producción de queratinocitos la célula típica de la piel.

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«Siempre que aparece un callo es por una agresión externa es una forma de defensa del mecanismo del pie», explica la podóloga Maite García, vicepresidenta del Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV).

¿Y de qué se defiende el pie? Pues según explica esta experta de «un exceso de presión, de roce, de un mal apoyo…». Ante estas agresiones que sufren, los pies se defienden activando la creación de queratinocitos, dando lugar a un exceso de estas células, conocido popularmente como callosidades, y cuyo nombre clínico es la hiperqueratosis.

Existen dos tipos de callosidades en función de qué tipo de presión esté sufriendo el pie:

No se deben confundir este tipo de callosidades con otras afecciones podológicas como son los papilomas o verrugas plantares, que son infecciones víricas provocadas por el VPH.

Los callos no tienen raíz

La doctora García explica que existe la creencia generalizada de que un callo tiene raíz. Esta idea parte de que una vez que el especialista en podología realiza la quiropodia (tratamiento para eliminar durezas, callosidades, etc), pasado el tiempo esas callosidades vuelven a aparecer. «Y el paciente entiende que esto es debido a que no se ha quitado la raíz del callo. Pero no, lo callos no tienen raíz».

«El problema de las callosidades es mecánico. El origen está en un dedo que se deforma, un hueso del pie que está fuera de su normalidad, un mal apoyo cuando se camina, el uso de algún tipo de zapatos. El callo no duele», afirma la podóloga valenciana.

Por eso, «sólo un podólogo, viendo la forma andar del paciente, palpando los pies y estudiando su morfología, puede encontrar el origen del problema», concluye García.

Tratamiento siempre a cargo de un podólogo

Y es que no sólo los especialistas en pies son capaces de determinar qué es lo que está detrás de esas callosidades. Sólo ellos conocen la mejor forma de tratarlos sin poner en peligro nuestra salud, ni nuestro bolsillo…

Los tratamientos más habituales son las quiropodias (limpiezas), o el uso de plantillas que modifiquen la biomecánica del paciente para que ese pie no siga apoyando mal y siga provocando esa hiperqueratosis.

«Si con ello no es posible terminar con el callo podría ser necesaria una intervención quirúrgica para arreglar el pie», explica la experta.

Y «cuidado con los productos que podemos encontrar en distintos establecimientos para eliminar callosidades, porque lo único que hacen es alisar, no quitan capas, con lo que el callo va a seguir ahí».

Hablamos de cuchillas, limas o de los callicidas. Respecto a estos últimos la podóloga advierte que este tipo de productos «lo que hacen es macerar la piel para que la zona se descame un poco pero no todas las pieles son susceptibles de soportarlos».

«Personas con pieles sensibles, con patologías crónicas, o problemas de circulación deben tener un especial cuidado con ellos, ya que un exceso de maceración de la piel puede producir úlceras. Tiene que ser un tratamiento controlado por un especialista», subraya la experta.

Cuida tus pies

¿Es posible evitar la aparición de las callosidades? Pues lamentablemente no, «no todo el mundo puede prevenir las hiperqueratosis y los helomas», explica la podóloga.

Lo que si se pude retrasar su aparición o que aparezcan menos. ¿Cómo? Con estas sencillas recomendaciones:

Además, hay que hidratarlos con cremas específicas para los pies. «La planta del pie tiene más capas de queratinocitos, son células más gruesas y necesitan cremas específicas, normalmente incluyen urea».