14 de junio de 2018
14.06.2018

Remedios contra las manadas patriarcales

14.06.2018 | 04:15

Que el lenguaje es muy tramposo es algo que se puede percibir en nuestro día a día a través de pequeñas cosas; no es lo mismo decir feminista que feminazi (sobre el porqué es erróneo usar este concepto ya escribí en su día), enfermo que psicópata... Y no es lo mismo decir abuso que violación.

Llamar abuso a la violación cometida por estos sociópatas, hijos sanos del patriarcado, es una de las mayores perversiones que ha cometido la ley (que no justicia) en años. Decir que la joven violada no consentía, saberla ahí obligada y aún así negarse a admitir que es una violación, es de un cinismo tan grande que merece como poco pena de muerte. Por otro lado, como quienes controlan el lenguaje y lo controlan todo son básicamente hez pseudo-humana, basura machuna herida a causa de los derechos adquiridos por las mujeres a lo largo de los siglos con sangre sudor y lágrimas, no deja de ser lógica esta aberrante sentencia judicial que solamente demuestra una vez más lo desprotegidas que estamos las mujeres ante la violencia.

¿Qué hacer al respecto? ¿Cambiar las leyes? Tal debería ser nuestro empeño, pero como quienes tienen el poder de hacerlo no lo van a hacer porque no les interesa, voy a proponer algo mucho más feminazístico: salgamos a la calle con cuchillos, hagamos que nos teman y ante las agresiones respondamos con altas dosis de violencia. Estos criminales deben desaparecer, son ellos o nosotras, y en tanto que no desaparezcan, que nos teman al menos, que se planteen antes de hacernos daño que hay altas posibilidades de que sea lo último que hagan.
¡Mujeres, uníos! Cuando todas juntas nos mostremos dispuestas a responder a sus agresiones, a que no queden impunes, y a castigarlos con la muerte que merecen y que servirá para protegernos, tal vez esos machunos infinitamente inferiores a nosotras que controlan nuestra existencia a través de sus leyes criminales cedan ante nuestras demandas. Y no, esto no es una apología a los crímenes sin sentido, es supervivencia. Tamara Pastor Hernández. Valencia.

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