28 de enero de 2020
28.01.2020

Accidente del metro

28.01.2020 | 21:08

Con todo el respeto, total y absoluta consideración y el máximo rigor en lo que opino sobre los hechos que se llevaron por delante 43 vidas y otras 47 sufrieron heridas y secuelas de aquel "evitable" accidente.
Entiendo que las familias se sientan aliviadas por el resultado final ante los tribunales tras tantos años de sufrimiento, dolor y lucha y porque consideren que se les ha dado la razón al haber reconocido su responsabilidad quienes fueron los culpables de aquel siniestro que, por evitable, jamás tuvo que haber ocurrido.
Pero yo, tal vez porque lo veo y analizo desde la distancia y de forma más fría, pero no por ello con arbitrariedad alguna y sí con absoluto rigor, aprecio que no se ha hecho justicia en el sentido de que unos delincuentes; tal vez más allá de los cuatro que se han inculpado los cuales tienen ya poco o nada que perder y que existe la posibilidad de haber "asumido" la responsabilidad permitiendo que otros salgan "de rositas", "salvándoles el culo", por cualesquiera otros "intereses/contraprestaciones" que "dulcifiquen" su futuro; digo que, unos delincuentes que por su negligencia/intereses de compañía/arbitrariedad o cualesquiera otros motivos, murieron, como dicho, 43 seres humanos con futuro, proyectos e ilusiones y otros 47 heridos cuyas consecuencias e inolvidable recuerdo les acompañarán toda la vida, debería haber condenado los tribunales por la comisión de homicidio, en cualesquiera de sus tipificaciones, no por venganza si no por justicia, a todos esos cuantos individuos que por su culpa murieron unos y sufrieron heridas y secuelas otros.
Pues quienes, por omisión de su deber y responsabilidad, pudieron evitar (así lo han reconocido, como accidente "evitable") y no lo hicieron, aquel episodio que segó la vida de 43 seres humanos y otros 47 sufrieron heridas y secuelas, deberían haber sido condenados, como dicho, por homicidio en cualesquiera de las tipificaciones que en tal sentido recoge el código penal, y no salir de rositas unos y autoinculpándose otros cuando ya nada de ello les afecta y que, contrariamente, exculpan a quienes todavía una condena les podría suponer determinados perjuicios.
Al tiempo que también queda en agua de borrajas las prácticas miserables del entonces conseller Juan Cotino y de quien en aquel momento fuera concejal de Torrent, Santi Miquel, que intentaron silenciar las voces, tapar la boca, de familiares de los fallecidos mediante el ofrecimiento de ofertas económicas y/o de empleo. Estos dos individuos también deberían haber sido condenados por tales canallescas prácticas cometidas en momentos tan difíciles como delicados intentando comercializar con el dolor de padres, madres, hijos, cónyuges, etc. de quienes habían perdido a sus seres queridos en un siniestro que jamás debería haber ocurrido si se hubieran hecho bien las cosas y no haber antepuesto a la seguridad intereses empresariales o haber cometido negligencia, descontrol, desidia o cualquier otra situación que acabó, como dicho, con la alegría, ilusiones y proyectos de 43 seres queridos generando un incalculable dolor en sus familias y dejando a otros 47 en situación de accidentados con la repercusión que ello habrá tenido en cada una de estas personas para el resto de sus vidas cuyo recuerdo de aquel "evitable" siniestro siempre les acompañará.
Es mi opinión, ruego sea respetada, tal y como yo respeto cualquier otra que no vaya contra la legitimidad de los familiares.

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