18 de abril de 2020
18.04.2020
Levante-emv

Tú decides

18.04.2020 | 21:06
Tú decides

Son las 8.30h de cualquier día. Les confieso que ya no sé con certeza en qué página de la historia estoy. Creo que es miércoles, ó quizá jueves. Abro los ojos. Cuatro segundos son suficientes para que mi cabeza me confirme que seguimos en la misma situación.
De fondo la incesante sinfonía de las gotas de lluvia estrellándose en el asfalto... Hoy parece que tampoco va a sonreír el cielo de la Eliana.
Como cada mañana uno de mis hijos se acerca a los pies de la cama a darme los buenos días a su manera. Llevan casi una hora danzando por la casa, protagonizando el cuento más surrealista de sus vidas. Supongo que casi mejor así.
Arranca el día y, con él y fiel a la cita, la permanente y repetida pregunta que cada mañana percute en mi cabeza...¿Cuánto dolor queda por sufrir? Y es justo ahí, en ese momento, cuando tú decides qué camino de la disyuntiva escoger. Tienes unos instantes para saber si quieres sumar un día a tu vida o, por el contrario, verlo pasar sin más, escondido entre la maleza en la que nos encontramos.
Por desgracia, la pequeña pantalla sigue sin poder variar el contenido de su programación, pero nosotros tenemos el mando para decidir cambiar la intensidad de la luz del día.
Los supermercados no pueden renunciar a las normas de seguridad para combatir el contagio, y así debe ser, pero una mascarilla no impedirá que le pueda sonreír a la persona que tengo delante en la pescadería. Los ojos pueden transmitir una poderosa empatía y mostrar la mayor de las sonrisas, capaz de romper la famosa distancia de seguridad, ésa que nos impide abrazarnos.
Es posible que estos días estén llenos de silencios más densos y fuertes que la mayor de las tormentas, pero en tus manos está transformarlos en momentos especiales, diferentes y amables.
Quiero sentir de nuevo el abrazo de mi hermano; quiero marcharme con mi padre de excursión y seguir conociéndonos; quiero pegarme a mi madre en el sofá, el lugar más seguro del mundo; quiero que vuelvan los domingos de paella y jugar con cada uno de mis sobrinos; quiero sentir el viento en la cara mientras giran las ruedas de mi bicicleta por la Calderona; quiero volver a ver a mis camaradas y arreglar el mundo con una cerveza en la mano... Pero por encima de todo, mi mayor deseo es que todos y cada uno de nosotros seamos capaces de aprender a diferenciar lo que creíamos importante de lo que realmente es importante.

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