01 de junio de 2020
01.06.2020
Levante-emv

Salvar la belleza

02.06.2020 | 01:33
Salvar la belleza

¿Quién no ha tenido, a lo largo de estos días interminables, si no una ventana abierta al horizonte, al menos sí una pequeña ventana abierta a los sueños? Mucho se ha hablado ya del horror pero no tanto de la belleza, me temo. Pudiera parecer que entre tanta muerte no hubiera lugar para pensar lo bello y, mucho menos, para hablar de los artistas, a mi juicio (al igual que tantos otros), grandes olvidados de esta crisis que ha dejado invisible a un sector tan indispensable como necesario para nuestra sociedad.
Durante estos días de confinamiento he hallado consuelo y respuestas en los libros. He sentido el peso de la nieve, la agitación, el crimen y el castigo o la utilidad de lo inútil, si se me permite el guiño literario. Y, precisamente, quisiera aludir a esas últimas palabras de Nuccio Ordine en su ensayo sobre La utilidad de lo inútil para incidir en la idea de la importancia de la cultura en el ser humano.
He tenido grandes maestras a lo largo de mi formación académica, mujeres fuertes y sabias que, por encima de todo, me han enseñado a amar el arte, y a sentir y pensar el mundo a través de las palabras y el cuerpo. Sin duda, hoy no sería la persona que soy si nunca antes hubiese escuchado las letras de Bob Dylan ni me hubiese adentrado en los versos de Paul Éluard, las novelas de Herman Hesse, los libros de Sábato, las pinturas de Modigliani y Gauguin o, tal vez, si no hubiese tenido la suerte de aprender a acariciar la eternidad con sólo abrir mi pecho y mis brazos, como sucede con la danza. Nunca hubiese podido escapar de la, muchas veces, insoportable levedad del ser sin cientos de películas que me han enseñado a comprender el mundo, a los otros y a mí misma.
Los tiempos están cambiando, como diría Dylan, y el ser humano necesita alma, más que nunca. El arte nos enseña la fragilidad y el dolor, nos muestra el camino hacia la libertad y nos hace más soportable la soledad, la angustia y la muerte. Gracias a la cultura puedo celebrar la vida y sentir la tierra vibrar bajo mi piel. Gracias al arte ( y no a Dios, muy a pesar de lo que diría Descartes) sé que existo y existe el universo.
Por ello, en tiempos de miedo y tinieblas, debemos honrar y cuidar a todos aquellos artistas y creadores que ahora, lamentablemente, parecen olvidados y arrojados en el más absoluto silencio de esta Ágora moderna. Si no socorremos a la cultura urgentemente, una parte de nosotros morirá con ella. El arte forma parte de nuestra Polis. Silenciarlo y olvidar es también un acto político, por cierto injusto, que no debemos pasar por alto. "Sólo quien ha vivido en idilio constante con la belleza, morirá en sus brazos" nos recuerda Kakuzo Okakura en su Libro del té. Salvemos la belleza. Salvemos la cultura y a los artistas que son parte esencial de la sociedad y, por tanto, también, de la política.

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