11 de junio de 2020
11.06.2020
Levante-emv

España, ¿zona catastrófica?

12.06.2020 | 01:23
España, ¿zona catastrófica?

Lo peor de esta pandemia han sido las 28.000 personas que han muerto, las que han enfermado con mayor o menor gravedad y el dolor producido a tantos familiares y seres queridos. Además, los datos económicos que se van conociendo son los de una crisis sin precedentes de nuestra economía. Se calcula que 9 millones de personas están en situación económica de paro: unos 4 millones de parados propiamente dichos, otros 4 millones afectados por un ERTE, cuya recuperación es incierta y 1 millón de autónomos que han comunicado el cese de actividad.
Recomponer el tejido empresarial es urgente para el país y para los trabajadores. Más de 100.000 empresas han cerrado. Otras muchas tienen un ERTE: pequeñas, medianas y grandes. La idea del gobierno de que terminen los ERTE cuando acabe la pandemia del Covid-19 y prohibir a esas empresas que puedan reducir su plantilla en 2020 va a producir más cierres, porque la crisis –y la demanda de lo que producen- no se va recuperar en poco tiempo.
Por citar sólo un sector, todas las fábricas de automóviles en España tienen un ERTE: Ford, Renault, Seat, PSA y Mercedes. Nissan lo tenía y ha cerrado. De ellas dependen otras muchas empresas, con casi entre 7 y 10 veces más de plantilla que las citadas: los empleos indirectos.
Cuando hay una catástrofe en una zona, por inundaciones, terremotos, o destrozos por invasión de la costa por el mar, se declara zona catastrófica y lo que el Estado da a los damnificados son subvenciones. No basta con facilitar créditos. Otros países han aplicado a todo el país la política de zona catastrófica. Eso es lo que han decidido Alemania y Francia, por citar sólo las dos economías más importantes de la UE y han dotado cientos de miles de millones de euros para subvenciones a empresas. Que cierren en nuestro país cientos de miles de empresas y autónomos es una catástrofe, porque son quienes dan empleo a millones de trabajadores. Hay que superar ideologías políticas y reconstruir el tejido económico, también con subvenciones. Si no, esa ceguera la pagaremos muy cara.

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