El mejillón cebra es una especie dañina y altamente invasiva originaria del Mar Negro y del Mar Caspio. Su presencia en cualquier hábitat natural se traduce en una destrucción paulatina del ecosistema y un elevado impacto ambiental.

Las condiciones de reproducción de este molusco se ven especialmente favorecidas en los entornos acuáticos del arco mediterráneo. Su desarrollo embrionario es extremadamente rápido y tiene una gran capacidad de expansión debido al reducido tamaño de sus larvas (prácticamente microscópico). De hecho, la gestación de sus ejemplares se produce por mediación de larvas planctónicas.

Esta circunstancia, unida a su alta capacidad reproductora, favorece una expansión que convierte a esta especie exótica en la responsable de elevados costes socioeconómicos y un peligroso impacto ambiental.

Los ejemplares de mejillón cebra viven sujetos a superficies duras y pueden desarrollarse tanto de forma individual como agrupados en colonias.

Uno de sus principales efectos ambientales viene derivado de su capacidad de disminuir la cantidad de oxígeno disuelto en agua y reducir la presencia de fitoplancton. Ambos factores pueden desembocar en la desaparición de especies de peces autóctonas que perecen a causa de la falta de alimento.

Las afecciones provocadas por el molusco también ponen en riesgo la supervivencia de especies vegetales y debilitan el ecosistema en general a causa del vertido de excrementos.

Por otro lado, las colonias de mejillón cebra bloquean todo tipo de infraestructuras creadas por el hombre (canalizaciones, tuberías, compuertas), inutilizan sistemas eléctricos enteros y dañan los motores de embarcaciones.

Hasta el momento, la cuenca del Ebro era la única región española que había sufrido los efectos de esta plaga sin precedentes.