Ramón Pardo, Castelló

Más de dos mil titulares de paranys en la provincia de Castelló -en 2002 se dieron 2.408 licencias-, se han quedado por segundo año consecutivo sin cobertura legal para practicar esta modalidad tradicional de caza del tordo que tanto los tribunales europeos, Luxemburgo, como el autonómico, TSJ, y el Tribunal Supremo, han prohibido en sendas sentencias, atendiendo las denuncias de Ecologistas en Acción, al considerar que no es un método de caza selectivo y que pone en peligro a la avifauna en su recorrido migratorio.

La sentencia del Supremo contraria a la demanda formulada por la asociación de paranyers, Apaval, a apenas tres semanas de iniciarse el paso de los tordos por la provincia ha supuesto casi la puntilla para este tipo de caza y ha hecho que sean muchos los que el día 12, en la festividad del Pilar, opten por no acudir al parany. Aún así habrá un buen número de paranyers que desafiarán la prohibición judicial y montarán sus puestos. Mientras Territorio y Apaval buscan alternativas para amparar esta caza, los ecologistas han pedido a la Administración autonómica y al Seprona que hagan cumplir la legalidad porque , de lo contrario, se infringe la decisión de un tribunal.

Punto de inflexión

Desde 2002 los paranyers usan sus instalaciones de forma ilegal. Y es que hace tres años fue la última temporada en que se expidieron licencias para la caza del tordo en puestos fijos. Aquel año fue posible, pese a la sentencia del Tribunal Superior de Justicia (TSJ)que exigió a los ecologistas el pago de una fianza para aplicar el fallo. Desde entonces la practica de este tipo de caza, muy extendido en el interior de Castelló, se hace infringiendo la ley. Algo que llevó a pedir a Ecologistas en Acción, GER y Gecen que los boletines de denuncia que levantan los agentes medioambientales de de Territorio se elevasen a falta por eludir el cumplimiento no sólo de la normativa de caza sino del fallo del tribunal.

En el fondo de este debate están las posturas de paranyers y ecologistas. Los primeros argumentan que, además de una técnica tradicional, el parany es selectivo. Los segundos apuntan que se usan medios electrónicos como el casete y sobre la selectividad del método indican que la caza abarca, además de a los tordos, a otras especies.

Apaval espera que con las investigaciones que se están haciendo, con subvención de la conselleria, se pueda demostrar que el parany es selectivo y convencer a los tribunales y a la UE de que se puede seguir cazando así. El año pasado se autorizaron varias paranys científicos, uno de ellos propiedad del presidente de Apaval, para comprobar los efectos del empleo de un material que permitía la recuperación de las aves. Pero, pese a las solicitudes de los ecologistas, Territorio no ha ofrecido resultados de ese estudio financiando con el dinero de los contribuyentes.

El problema también afecta a los alcaldes de los municipios del interior, una delegación de los cuales se reunió el año pasado con el delegado del Consell en Castelló, Joaquín Borrás, para buscar soluciones. Soluciones que, por ahora, no han llegado.

En cualquier caso este año volverán a abrirse los paranys. El número es imposible de predecir al carecer de soporte legal y no pedir licencias. Y las consecuencias de las infracciones dependerán del celo de las administraciones. Lo único cierto es que con la llegada del Pilar los tordos cruzarán las comarcas de Castelló.