19 de enero de 2014
19.01.2014

La historia olvidada de las mujeres ondenses durante la Guerra Civil

La necesidad de atender actividades básicas relanzó la sindicación de la mano de la Unión de Muchachas y el Despertar Femenino El Libro de los Caídos registra 1.056 nombres de Castelló sepultados en el Valle de los Caídos tras la contienda

18.01.2014 | 22:43
Mujeres trabajando en una planta textil durante las primeras décadas del siglo pasado.

Los promotores de la recuperación de la memoria histórica sobre la Guerra Civil española tienen todavía un sinfín de testimonios excepcionales y desconocidos por rescatar. Testimonios que son, en su mayoría, desconocidos por el gran público, pero que con su exposición contribuirían a completar la historia de la sociedad y del momento en que se produjeron. Muchos de ellos se encuentran ocultos en legajos, cuyas páginas desgasta y amarillenta el paso del tiempo, en los archivos municipales. Otros, como el Libro de los Caídos, uno de los mejor conservados, reposan en los estantes de la biblioteca del Palacio Real de Madrid, a la espera de que alguien los rescate de ese literario cementerio de los libros olvidados. Aunque pocos abordan en profundidad el papel que desempeñaron las mujeres durante los años de la contienda. La provincia de Castelló tiene en Onda, en la labor de la Unión de Muchachas, un campo de estudio de una actividad que se bautizó como el Despertar Femenino.
El contenido del aludido Libro de los Caídos, por su gran carga simbólica, lo hace especial. Se trata de un cuaderno que recoge parte de la memoria de la historia de España escrita por los hombres. Sus páginas contienen los nombres y apellidos de muchos de los 33.872 combatientes muertos durante el conflicto bélico y cuyos cuerpos están enterrados en el Valle de los Caídos, ese monumental mausoleo construidos cerca de El Escorial entre 1940 y 1958. Se sabe, además, que los restos de los allí sepultados procedían de distintos frentes de guerra.
El libro se divide en capítulos dedicados a las provincias acompañado del escudo correspondiente y se suceden bajo el emblema, Salmos de David o fragmentos de correspondencia de San Pablo caligrafiados con letras góticas miniadas y doradas sobre pergamino. Más abajo, las relaciones de sepultados. La más numerosa es la de la de Madrid, con 4.198 nombres, le sigue Zaragoza tiene 3.744 registros y también aparece Castelló con 1.056 nombres.
Quizás muchos de los allí enterrados fuesen republicanos, hecho que el libro no especifica, aunque revisando las cifras, las provincias con mayor número de fallecidos se corresponden con el bando republicano. En el nacional, compuesto por Galicia, Castilla la Vieja, León, Navarra, Sevilla, Granada, Córdoba y Baleares, excepto Menorca, el número de bajas es menos significativo.
Castelló, en la zona republicana junto con Asturias, Cantabria, País Vasco, Cataluña, el resto del Levante, Castilla la Mancha, Murcia, la mitad oriental de Andalucía, Barcelona y Madrid, fue una de las provincias más castigadas durante las operaciones militares. Primero vivió el avance de las tropas en el frente de Aragón, que desde el Maestrat llega al mar en una línea imaginaria y, desde allí, el frente de Levante.
Muchas fueron las poblaciones arrasadas durante la contienda, pero quizás uno de los episodios más significativas fue la ocupación de Onda. Tras diez días de asedio con bombardeos constantes, el 17 de junio de 1938 las tropas del Ejército Popular entraron en la ciudad. Su hasta entonces alcalde, José Feliu Aguilella, fue llamado a filas dejando paso a una nueva corporación municipal presidida por Antonio Sansano.
Las constantes incorporaciones a filas con sus correspondientes muertes y exilios dejaron decenas de puestos de trabajo vacantes, como recogen las crónicas de la época. Ello hizo que faltaran operarios para mantener la actividad en un tiempo en que los hombres iban al frente y las tareas diarias quedaban abandonadas. En ese momento entró en juego la Unión de Muchachas, una organización educativa que se dedicó a la formación y preparación de mujeres para que pudieran realizar trabajos tan dispares como confeccionar ropa para el frente, conducir autobuses o camiones, además de atender a los heridos y refugiados que llegaban del frente o a gestionar los comedores sociales abiertos.
Mujeres asociadas
Onda denominó el Despertar Femenino a la creación de organismos como la Sociedad Femenina de Confeccionadoras de Naranjas, sindicato que, integrado en la central sindical Unión General de Trabajadores (UGT), llegó a tener 1.700 afiliadas. Mientras que algunas militantes al sindicato anarquista CNT se unieron a la elaboración de cítricos y llegaron a cubrir 70 puestos de trabajo.
El Sindicato del Vestido y Tocado y Similares de la UGT de Onda, formado por mujeres modistas, o el Sindicato Obrero de Profesionales Técnicos de la Villa de Onda, fueron otros ejemplos del intento social por despertar una ciudad destrozada por las bombas. Estos sindicatos recogían todas las profesiones liberales.
Entre sus afiliados aparecen comadronas, maestras o farmacéuticas, aunque, de un total de 122 asociados, tan sólo 24 eran mujeres, un 19,7 %. Esto demuestra que, como ocurrió en muchos casos, aunque las mujeres despertaron la ciudad, era apenas una mujer por cada cinco hombres la que lograba sindicarse como profesional libre. Fueron entonces los sindicatos quienes se encargaron de organizar y dinamizar a la población para mantener la actividad paralizada por la guerra. Su implicación y su cercanía a la sociedad son características que deben recuperar estas formaciones, denostadas por la opinión pública que asiste a la aparición en los medios de comunicación de casos de supuesta corrupción, si quieren recuperar el prestigio y el respaldo social.

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