La Audiencia Provincial de Castelló celebra hoy a las 10:00 horas el juicio contra tres personas acusadas de un delito contra la libertar sexual y detención ilegal al, supuestamente, secuestrar y obligar a prostituirse a una mujer en Vila-real.

El fiscal pide una pena de cuatro años de cárcel y una multa de 5.400 euros para cada uno de ellos. Según se recoge en el escrito de fiscalía los hechos ocurrieron el octubre de 2009 cuando la víctima conoció a una de las acusadas en una discoteca de Valencia y le confesó su mala situación económica y los problemas que tenía para ganarse la vida intercambiado teléfonos.

En días sucesivos, ambas hablaron en varias ocasiones por teléfono y la acusada le manifestó que podía venir a Vila-real a vivir donde le facilitaría vivienda y, cuando estuviera asentada, le ayudaría a encontrar trabajo ejerciendo la prostitución en algún local de la zona.

En noviembre de ese mismo año, y acuciada por su situación económica, decidió aceptar la invitación de E. C. F. y se desplazó hasta Vila-real, a donde fue a recogerla el novio de la acusada y la llevó a una casa donde se encontraba E. C. F. Una vez en dicho domicilio, tanto N. S. como E. C. F. mantuvieron una conversación en la que, con tono amenazante, le refirieron que «tenemos que ser tu familia, tú te quedas con nosotros, nosotros te ayudamos a ti, pero nada de novios, no puedes tener novios. Si te quedas conmigo es para siempre». Cuando terminó la conversación le arrebataron el móvil de que le extrajeron la tarjeta SIM para que no pudiese contactar con nadie.

Al anochecer, dos de los procesados condujeron a la supuesta víctima a las inmediaciones de la estación de ferrocarril de Vila-real donde le mostraron el lugar donde debía prostituirse la mañana siguiente y que el dinero que ganase se lo tenía que entregar a ellos «que para eso vivía en su casa» y que ellos le regalarían cosas para compensarla.

En la mañana siguiente volvieron a acudir tres de los acusados en el mismo lugar y le dijeron que se colocara junto a unos naranjos para ofrecer sus servicios sexuales, a lo que ella obedeció por miedo, pero no llegó a contactar con ningún cliente, por lo que volvieron a casa.

Una vez allí, la acusada le dijo que se iba a prepararle la comida a su marido y que mientras ella no estaba que «no se asomara a la ventana, que no abriera la puerta a nadie y que no contestara a nadie y se fue cerrando la puerta con llave». No obstante, la víctima pudo hacer una llamada al 112 con su móvil, pese a no tener tarjeta, y la policía acudió a auxiliarla. Los agente tuvieron que entrar por el balcón.