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«Hemos transformado las dificultades en nuestra mayor fuerza»

«Hemos transformado  las dificultades en nuestra mayor fuerza»

«Hemos transformado las dificultades en nuestra mayor fuerza»

El festival Rototom Sunsplash, que se celebrará en Benicàssim del 16 al 23 de agosto, traslada su historia a la pantalla. El primer capítulo de More Than Twenty, el documental que a lo largo de ocho episodios explica cómo un humilde proyecto acabó convirtiéndose en el festival reggae más grande de Europa, se estrenará el martes 1 de julio a través de Rototom.tv en la web del festival.

¿Cómo surgió la idea de grabar un documental que explicara la historia del Rototom?

Cuando el año pasado celebramos el 20 aniversario del festival hablamos con el director del documental, Tommaso D'Elia, porque pensamos que quizá sería interesante explicar nuestro origen, que en realidad como asociación se remonta al año 1991. Nos parecía más fácil hacerlo así para que quien no conociera nada de la historia del festival pudiera entender cómo hemos llegado aquí sin perder los valores que marcaron el por qué de nuestros inicios.

¿Qué refleja el film en ese sentido?

El documental evidencia la voluntad de un grupo de amigos de transformar la pasión propia en un oficio con la condición de seguir adelante siempre que siguiera siendo una pasión y de que continuara guiada por los mismos principios con los que comenzamos. Se trata de hacer cosas bellas para la gente con el fin de enriquecer nuestra sociedad y, de cualquier modo, es un proyecto que no se sustenta sobre el beneficio económico, sino sobre la cultura, sobre la calidad. Por eso pensamos que es importante que la gente conozca también cómo se inició esta aventura en Italia con tanta pasión y cero medios. Jugando mucho con la imaginación logramos poner en marcha un proyecto que representaba en la práctica los valores que nosotros llevamos adelante hoy en día con el festival: la tolerancia, el respeto, el hacer las cosas juntos, el sentirnos parte de una gran familia.

A sus primeros festivales asistían unas 2.000 personas. El año pasado en Benicàssim hubo más de 240.000 espectadores. ¿Pensaron alguna vez que llegarían tan lejos?

Nunca. Y probablemente si lo hubiéramos pensado jamás lo habríamos hecho. Porque ni siquiera era nuestro objetivo. Nuestra idea era crear un espacio de encuentro en el que la gente pudiera compartir un proyecto. En aquella época era difícil imaginar que 240.000 personas podrían llegar a compartir con nosotros los mismos ideales, las mismas pasiones. Sin embargo, hoy nos encontramos en esta situación y estamos muy orgullosos de ello.

¿Cómo han vivido esa evolución durante dos décadas?

Por fortuna en la actualidad hay una mayor tendencia en la sociedad de apostar por estos valores de paz, de hermandad y tolerancia que también están muy presentes en el Rototom en lugar de optar por alimentar los conflictos y generar divisiones. Nos sentimos representantes de un mundo que quiere cambiar para bien, en pro de la paz y de la unión en lugar de apostar por el distanciamiento, la división, por el 'cada uno en su casa'. Nosotros somos de la filosofía opuesta. Y precisamente esto es lo que intentamos transmitir con este festival.

Ocuparon una fábrica abandonada para construir un centro cultural, organizaron protestas contra la guerra de los Balcanes... ¿Qué precio han tenido que pagar por visibilizar su compromiso social?

Cada cosa que ha hecho el festival, especialmente cuando estábamos en Italia, ha generado un cierto impacto que de algún modo nos ha dado visibilidad y ha permitido acercar nuestro proyecto a mucha gente que pensaba como nosotros. Muchos compartían nuestra pasión musical, pero otros muchos se han acercado también durante este tiempo a través de los mensajes culturales, sociales o políticos, en el sentido más positivo del término, que hemos transmitido. Sin embargo, esas acciones también han dado una connotación ideológica a nuestras manifestaciones culturales y esto, inevitablemente, nos ha creado enemigos aunque nosotros no lo hayamos querido así. Tristemente eso nos ha generado una serie de problemas que después también derivaron, por desgracia, en una persecución policial que finalmente nos obligó a abandonar Italia.

¿Cuál ha sido el momento más duro que ha tenido que afrontar en estos años?

Recuerdo dos momentos particularmente difíciles. Uno fue en el año 2002, al final de una edición del festival que no fue nada bien porque había llovido mucho, tuvimos numerosos problemas, económicamente nadie nos daba crédito ni teníamos fondos. Fue un año muy difícil de superar. Sin embargo, la del año siguiente fue una edición fantástica y pudimos pagar todas las deudas, lo cual era algo realmente impensable en el sentido de que estábamos prácticamente convencidos de que no lo íbamos a conseguir. El otro momento duro fue cuando dejamos Italia para venir a España, porque vinimos sin saber cómo funcionaban las cosas, cómo íbamos a ser acogidos ni en qué condiciones. Fueron momentos verdaderamente difíciles. Pero, precisamente fue cuando más sentí la fuerza de la amistad, del afecto y la pasión que unen a este grupo de trabajo, que ha transformado las dificultades en nuestra mayor fuerza porque, pese a sentir que podía ser el fin de nuestra experiencia, todos dieron el máximo. Y finalmente salimos adelante.

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