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Los «masets» vencen a la fiebre urbanística

Antiguos «masets» han resistido los embates del ladrillo y continúan con todo su esplendor en la avenida Vila-real de Castelló

Los «masets» vencen a la fiebre urbanística

Los «masets» vencen a la fiebre urbanística

En los «felices» años 20 del siglo pasado propietarios agrícolas locales e «indianos» que regresaban de hacer las Américas convirtieron la zona de la avenida Vila-real de Castelló en su segundo lugar de residencia y erigieron sus «masets» de veraneo en medio de un cinturón de naranjos. Estas villas han sorteado el paso del tiempo y las épocas de fiebre urbanística (desarrollismo franquista y el boom inmobiliario de la década pasada) y preservan este lugar como uno de los pulmones verdes de Castelló a apenas media hora del centro de la ciudad.

«Eran casas al gusto de la época, sencillas y confortables y chapadas de cerámica», destaca Enrique Climent, propietario de una alquería construida hace una centuria. «Son de un estilo ecléctico, pero tienen mucha personalidad y son ejemplares en el sentido de la orientación», subraya el presidente del colegio de arquitectos de Castelló, Jaume Prior. Se adaptaron al territorio y se elevaron un metro y medio del suelo «para mirar por encima a los naranjos», añade Prior. Este patrimonio representa una huella de la historia de la ciudad de los primeros años del siglo XX, pero su conservación no ha sido fácil. En su nacimiento sumaban unas 30 casas y ahora se mantienen en pie una veintena. En los años 90 empezó un deterioro en la zona cuando el proyecto del túnel del tren se trasladó de la antigua Nacional 340 a la avenida Vila-real por «presión de algún cacique», explica Climent. Algunos propietarios abandonaron sus «masets» y este punto sufrió un proceso de degradación.

El ayuntamiento se planteó como solución cambiar las antiguas villas por adosados a través de un mega PAI. Así lo diseñó en el Plan General de Ordenación Urbana del año 2000. La burbuja inmobiliaria daba sus primeros pasos y el ejecutivo de José Luis Gimeno veía las urbanizaciones megalómanas como el gran maná del crecimiento. Al albur de la anterior ley de urbanismo valenciana (LRAU) planeó un programa residencial de 128.000 metros cuadrados, con varios nuevos viales de 40 metros de ancho y bloques de unifamiliares a costa de la mayor parte de las alquerías. «El ayuntamiento alegaba que el urbanismo era el motor del desarrollo y nos calificaba de conservadores y de enemigos del progreso», rememora Climent. «Hablaban de traer el estilo de California cuando no habían estado nunca allí. Yo he estado y es horrendo», reseña.

Climent preside la agrupación de interés urbanístico (AIU) de la avenida de Vila-real. Los vecinos constituyeron una plataforma para intentar modificar la actuación urbanística. Presentaron una alternativa técnica que planteaba una ciudad jardín con nuevos chalets pero respetando las casas primigenias. Pero Gimeno se mantuvo en sus trece y siguió con el plan original. «Arrasaban con todo y proyectaban dos viales más una calle de 40 metros metros de ancho cada una», sostiene Climent. «Para los propietarios era un dineral, teníamos que ceder la mitad de los terrenos y pagar las obras de urbanización», resalta la residente de la villa «la Plana», María Ángeles Calduch.

La entidad vecinal se mantuvo firme y denunció por la vía judicial el PGOU esgrimiendo la falta de un segundo periodo de alegaciones. Los tribunales anularon en 2008 el plan general y el PAI se paralizó. El ejecutivo local recurrió en balde hasta que en 2013 desistió e inició la redacción de un nuevo PGOU. Ahora los propietarios confían en que el PP respete las casas. Se muestran más tranquilos tras los cambios en la ley de urbanismo. «Un arquitecto que elaboró el plan dijo que si hubiera visto antes la zona no habría firmado el proyecto», remarca Climent.

En las proximidades de las villas se levantan varios bloques de edificios de reciente construcción (Boera Park), con la mayoría de sus pisos sin habitar.

«Todos los tiburones vinieron a la Comunitat y la destruyeron»

La acción judicial de los vecinos de la avenida Vila-real ha provocado un quebradero de cabeza a los munícipes populares. Es el origen de la actual anulación del Plan General de Ordenación Urbana de 2000. Asimismo, los tribunales en primera instancia han instado al ayuntamiento a indemnizar con 305.101 euros a la agrupación de interés urbanístico de la avenida Vila-real por daños ocasionados tras la paralización del PGOU. El colectivo pugnó por desarrollar el PAI de la avenida Vila-real, el consistorio rechazó la alternativa y luego se quedó sin ejecutar el PAI con la suspensión del PGOU. El ejecutivo local ha recurrido este fallo, pero si lo confirma el Supremo habrá de abonar 300.000 euros.

Las antiguas leyes valencianas (LRAU y LUV) posibilitaban que un agente privado pudiera presentar un proyecto de urbanización sin necesidad de tener terrenos. «Por eso vinieron todos los tiburones a la Comunitat Valenciana y la destruyeron», lamenta Enrique Climent, que preside también la asociación de Abusos Urbanísticos No. La nueva ley deja la gestión directa de un plan urbanístico a los propietarios en el caso de que no sea el ayuntamiento y frena la especulación.

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