Aunque sin llegar al volumen de lo ocurrido en la costa, Vilafranca padeció también su pequeña burbuja inmobiliaria. Más de un centenar de viviendas se quedaron a medio construir o sin vender, como varios pisos situados en la calle Colón, que quedaron sin terminar. El ayuntamiento inició ayer los trabajos para retirar la grúa que llevaba años parada en la parcela, debido al peligro que representaba para los viandantes.

También en zonas como el entorno de la calle Peiró Escala los problemas a la hora de finalizar los trabajos han convertido lo que debía ser un núcleo residencial en una urbanización fantasma, cada día más degradada. Ello ha obligado al consistorio a emprender acciones con el fin de que los solares no supongan un peligro para los vecinos.