La profunda convicción de las decisiones que día a día se ve obligado a tomar Marcelino García dado que el equipo sigue vivo en las tres competiciones que la realidad le puso frente a su cuaderno de bitácora, le hizo decir después de la victoria en Austria el pasado jueves que ante el Real Madrid haría rotaciones le pesara a quien le pesase. Razón y confianza que le sobraban al asturiano y ahí ha quedado el empate de la noche de ayer jugando con un equipo basado en aquellos futbolistas con menos minutos disputados para cada puesto. Ver jugar a los de amarillo anoche en el Santiago Bernabeu, con Cristiano Ronaldo dando el cante para celebrar su gol ( de penalti, eh, de penalti) y el público del Santiago Bernabéu teniendo que reconocerle a Casillas un paradón a remate de cabeza y en escorzo de Vietto, así como al compañero que le salvó un balón antes, cuando ya se le metía la bola en los arreos de pescar. Ni un minuto, ni un palmo le duró al Villarreal el disgusto por el gol recibido, al que respondió el canterano Gerard Moreno, plantándose ante el meta del Madrid un ratito después para devolverle la moneda. Y con el uno a uno, respondió a los arreones del Real Madrid con los propios, rayando a nivel extraordinarios del primero al último del muestrario de servidores que merecen la misma distinción que los tenidos por titulares. En esta plantilla todos son igual de buenos, igual de entregados, igual de honrados, igual de comprometidos, igual de competitivos, así tengan delante al último de la fila, como al primero, que acaba de perder dos puntos que le pueden costar el liderado, frente a unos chicos que acababan de dejar una raya bien profunda en Austria y que ahora dejan al Real Madrid un poco más consciente que será todo lo rico, todo lo guapo y todo el gran equipo que es, pero que por una vez ha tenido que envainársela ante uno de los equipos más modestos de la Liga española, pero solo para disimular el enorme talento de una plantilla que le planta cara al lucero del alba, Real Madrid incluido, y cuya última palabra, todo y haberla insinuado en Madrid, no ha quedado dicha. Vivo en la liga, en la Copa del Rey y en la Liga Europa, el fondo del armario amarillo salió al Santiago Bernabeua hacer el paseíllo y a dar una lección, que se pone uno a contar canteranos entre los que salieron y tarda en acabar. Quiero imaginarme a Bruno Soriano dando saltos ante el partidazo de su tropa el magnífico gol de uno de los chicos de la casa y el resultado final, después de que el del pito señalase como penalti un agarrón sobre Cristiano, que lo era, pero que no hubiera tenido cojones de pitar en la otra área de los sustos.

Al Villarreal le faltaba otro partidazo así ante un rival de esa magnitud, para que sus futbolistas acabaran de creerse que están en condiciones de cualquier hazaña de aquí en adelante. Crecieron en dignidad, profesionalidad y autoestima el pasado jueves en Austria y tienen el derecho y el deber crecer más todavía después del enorme partido en Madrid independientemente del resultado, que al fin y al cabo solo es un punto. Pero es que hay ocasiones en las que resulta menester exprimir hasta el agobio según qué episodio, porque uno es todo lo grande que los resultados ante los rivales de mayor consideración le autorizan.

El partido de ayer en el Santiago Bernabeu resultó ser un partido enorme, en el que el Real Madrid no se vio cómodo nunca porque jamás le dejaron sentirse solos, amplios, dueños del suelo que pisaban. El sistema defensivo del Villarreal estuvo impecable, no les dejó ni a sol ni a sombra, ni les dio respiro ni confianza, que mientras aquello durara eran rivales irreconciliables. Pero es que además tampoco pudo el Madrid mandar en el obrador, porque en ese lugar donde el fútbol se cuece al baño de María, ni mandó, ni se impuso, como tampoco fue mejor en la manera de entender el ataque. Y le tenía ganas el Madrid, al submarino, entre otras razones porque algo de eso se esperaba, según se ocuparon de airear los medios. Pues bien, ni vencedores ni vencidos en cuanto hace referencia al marcador. Fuera de él, los chicos que llegaron del caloret dejaron sobre el terreno la muestra inevitable de que no es más rico el que más tiene. Gracias por la tarde que nos disteis.