Tal cual las flamantes alas del ave fénix, la Colla T-Laboca renace este año de las cenizas de un fuego que parecía extinguido durante dos años de parón magdalenero y que ahora se aviva para dar continuidad a aquel grupo de amigos que comenzó en 1999 con un pequeño local en la avenida Verge del Lledó. Algunos quedaron en el camino, pero el grueso del grupo de amigos perdura al paso del tiempo y a los cambios propios de la edad. No en vano, la transición de la soltería a la paternidad marcó un punto de inflexión que tal vez determinó el paréntesis que se tomó la colla, ahora renovada con un buen abanico de niños de corta edad y una temible flota de carritos ataviados con cinta magdalenera.

Con todo, los 21 miembros de la colla son conscientes de la necesidad de adaptarse a las necesidades del momento sin renunciar a los placeres de la fiesta diurna en detrimento de las madrugadas sin fin de antaño (y por supuesto con alguna incursión nocturna con permiso de los más pequeños).

Lejos queda en el tiempo aquel primer y último intento de lectura del Pregón Alternativo, en el que Rubén Carrera dispuso de su minuto de gloria montado a caballo y sonriente en una instantánea para la posteridad. En esta ocasión el entrañable Carrera no leerá el pregón, pero sí hará las delicias de los comensales cocinando la paella del jueves, que promete como uno de los días grandes para esta entidad que estrena local en la calle Alloza.

Tampoco faltará una «xocolatà» con castillos hinchables para los niños en colaboración con otra colla próxima, aunque este año el programa de actividades estará más sujeto a la primera toma de contacto de la renacida colla y de los miembros que experimentarán las fiestas de Magdalena y la paternidad por primera vez; un binomio que rara vez garantiza horas de sueño pero que sin duda promete amplias vivencias a descubrir.

El corazón de la colla siempre fue castellonero de soca, aunque el punto exótico lo aportan los lazos de amistad con las conexiones graueras, encabezadas por ilustres miembros como la incombustible Inmaculada González y el respetado gestor Fernando Falomir, que nunca dejan de sorprender aportando genuinos momentos de inesperada interculturalidad.