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Entrevista | Juan Planelles

«No volvería a ser futbolista»

El fútbol talentoso y libre de Juan Bautista Planelles marcó a una generación

«No volvería a ser futbolista»

«No volvería a ser futbolista»

Es una sobremesa tranquila. Juan Bautista Planelles Marco habla de la temporada de la naranja mientras se le escapa la vista hacia el mar. Mezcla con cuidado flan y mantecado en un vaso de cristal. El invento se llama mundo y en el restaurante lo ofrecen como postre típico de Borriana. Planelles lo recomienda. Nadie parece más de aquí que él.

P El pueblo y la playa.

R Yo empecé a jugar a fútbol en la calle, en la playa, en el primer colegio. En los veranos, sobre todo, los niños de Borriana pasábamos muchas horas jugando partidos en el patio de los Salesianos. Salieron muchos futbolistas de aquella generación.

P Pero primero destacó en el balonmano.

R Porque a los nueve años me enviaron a estudiar a Valencia, en los dominicos, en el colegio San Vicente Ferrer. Había tradición de balonmano, yo me eduqué en ese deporte más que en el fútbol, al que en plan serio llegué después. Fuimos campeones de España en categoría infantil. En el patio, a veces, en la pista de balonmano tirábamos el balón al suelo y jugábamos a fútbol, pero poco más. El colegio estaba en el centro de Valencia y no había espacio para un campo grande. Pasé aquellos años interno, pero los dominicos eran de los más liberales. Dejaban salir e incluso dejaban fumar a partir de los 15 años, con permiso de los padres, aunque yo no fumé hasta que conocí a los golfos de Madrid.

P ¿Cómo le ficha el Real Madrid?

R En paralelo al balonmano también jugaba partidos de fútbol con el Atlético Burriana. Fuimos a un torneo y quedamos terceros de España, por detrás del Barcelona y del Atlético. De ahí pasé al juvenil del Burriana y un ojeador del Madrid comenzó a realizarme un seguimiento. Al final nos fichó a mi primo Ramón Corell y a mí, y con 16 años fuimos a Madrid.

P ¿Cómo era aquello?

R Vivíamos en casas particulares, con tutores. Nos tocó una familia de hijos de militares africanos. Eran dos hermanas y un hermano, todos solteros. Habían vivido mucho tiempo en Melilla y temían los terremotos. En el 67 hubo uno en Madrid, por la noche, y al despertarnos resultó que habían bajado a la calle en pijama, y mi primo y yo ni nos habíamos enterado. El Madrid entonces no tenía residencia y nos enviaban a un colegio privado que era una especie de chalet donde los profesores eran aún estudiantes universitarios. Un desastre, nadie hacía caso, se jugaba a las cartas todo el día. El único que aprobó el PREU (antiguo curso preparatorio para la universidad) fui yo porque pedí un profesor particular y el Madrid me lo dio.

P ¿Y el fútbol?

R En los primeros meses engordé seis kilos. Mi cuerpo estaba acostumbrado a los veranos en Borriana, a la playa, el fútbol, la natación, la bicicleta, y allí en Madrid primero estábamos, hasta que nos asignaron familia y casa, en una pensión en la Gran Vía. Entrenábamos dos días a la semana y el resto no teníamos mucho que hacer. Había decenas de futbolistas así, y ligar ligábamos poco. Qué ibas a hacer. Cobrábamos 6.500 pesetas al mes y 5.000 eran para la pensión. Ibas al cine y matabas las horas. Al ganar peso perdí velocidad y elasticidad, y fui retrasando la posición. Por suerte tenía técnica y eso me salvó.

P Asoma pronto en el primer equipo.

R El primer año fuimos campeones de España juveniles, y fui al único al que subieron a entrenar con el primer equipo. Ahí tenía 17 o 18 años. Era el Madrid que poco antes había sido campeón de Europa solo con españoles: De Felipe, Pirri, Zoco, Velázquez, Amancio, Sanchis... Aún estaba Gento con 36 años. A mí me llamaban chaval, siempre chaval, si hubiese seguido más tiempo hubiese sido siempre chaval, como Torres el niño Torres. No era habitual subir a esa edad (fue el más joven en debutar y en marcar en la Copa de Europa con el Real Madrid hasta la irrupción de Raúl). Yo iba a entrenar en autobús y a la vuelta alguno me llevaba de vuelta en su coche. Eran muy buenos jugadores.

P Se marcha cedido al Castellón.

R Con 19 años, ser titular en el Madrid era casi imposible. Pude destacar en la final de Copa del 70, pero fue porque se lesionaron Amancio y Grosso casi al principio y salimos por ellos Fleitas y yo. Marqué un gol y ganamos al Valencia en el Camp Nou. A la edad que yo tenía lo que necesitaba era jugar cada semana y al año siguiente no tuve continuidad. Además se unió que estaba algo desmoralizado, poco motivado al ver cómo era el fútbol de primer nivel. En realidad a los 20 años mi intención era dejarlo, volver a casa y estudiar. Vi campeones de Europa, ya mayores, que parecían indigentes. El fútbol en aquella época no daba para tanto, era un poco como el toreo, una opción para quien no tuviera otra salida, pero yo veía que podía estudiar y tener algo más seguro. Fue mi padre, que se dedicaba a la naranja y que sí le gustaba mucho el fútbol, que tenía afición, quien me dijo que si quería volver a casa, al menos que jugara en el Castellón, que estaba al lado.

P Y en el Castellón compagina el fútbol con los estudios.

R Y además a la vez hice la mili. Fue cuando mejor estaba físicamente. Siempre me fue mejor una actividad moderada, no las palizas físicas que nos pegaban los entrenadores de entonces. A mí me iba bien la playa. En el Castellón tuve dos años buenos a nivel futbolístico y de paso pude aprobar el acceso a la universidad.

P ¿Qué Castellón se encuentra?

R Un buen equipo, pero de entrada yo no me había planteado subir. La plantilla era buena: mezclaba gente de casa con jugadores que fichan con acierto, de Tercera, y algunos cedidos del Madrid. Babiloni, Figueirido, Cela, Félix, Tonín, Clares, Mendieta, Leandro, Cayuela... En Primera se añade Del Bosque y en la portería Corral. Y con Muller, que para la época era muy buen entrenador. Éramos un equipo que jugaba al balón, que jugaba muy bien, pero teníamos menos físico que otros rivales.

P El ascenso del 72.

R Contra el Mallorca en Castalia. A mí me habían sacado la uña del dedo gordo del pie el viernes y no podía chutar, pero se lesionó Clares y me pusieron de delantero centro. Le dije a Muller que estuviera tranquilo, que marcaría de cabeza, y así metí el 1-0. Armé mucho follón, casi no toqué balón porque no podía, pero a un defensa no sé si le rompí la nariz o algo, me querían matar. Di mucha guerra. Yo iba muy bien de cabeza, podría haber jugado más de 9, pero esa posición era demasiado aburrida. La verdad es que en mi gol y en el 2-0 de Tonín el portero estaba intimidado. Ves las imágenes y había dos mil ahí detrás de la portería, casi dentro del campo. Ese ascenso fue muy celebrado porque el Castellón no estaba en Primera desde la década de los cuarenta.

P Ese año puede salir al Barcelona.

R Es que nos tocó en Copa. En casa empatamos a cero y en Barcelona cayó un agua impresionante. Me salió un buen partido. Perdíamos 2-1, en el minuto 85, y Reina me hizo un paradón tremendo que era el empate. Al salir de vestuarios me paró Rodri, un exjugador del Barça que yo conocía porque había entrenado juveniles, y me ofreció un talón de cinco millones (de pesetas) para que comprara la baja al Madrid, porque si iban ellos les pedirían más dinero. No quise saber nada porque estaba a gusto en el Castellón, y ya sabía cómo era un club grande. No hace falta jugar en el Madrid o en el Barcelona, hay mil equipos. De hecho a mí me hubiese venido muy bien aguantar más años en el Castellón porque entonces estaba de puta madre, y podría haber cogido más experiencia. Yo era un futbolista con poco bagaje. Me equivoqué al volver al Madrid porque iba a un equipo que jugaba sin mediapunta, que era mi posición ideal.

P Antes de volver a Madrid hace un gran año con el Castellón en Primera. Quintos en Liga y llamada con la selección absoluta. ¿Qué pasó en la final de Copa contra el Athletic Club?

R Habíamos llegado a un lugar que no esperábamos, eso para empezar. Fue un recorrido bonito: eliminamos al Valencia en la prórroga en Mestalla, al Betis, al Sporting le metí los tres goles en semifinales. Luego, en la final, Clares estaba lesionado. A mí me marcó al hombre Villar y apenas la toqué. Ofensivamente éramos un equipo con tres referencias y dos no las tuvimos. Clares porque jugó lesionado y yo por el marcaje. La tercera era Del Bosque en la creación, pero perdimos el hilo conector y no fuimos el equipo que solíamos ser, cada uno hizo un poco la guerra por su cuenta. Viéndolo ahora por televisión es fácil, Clares no debería haber jugado, a la semana siguiente le operaron. Una opción hubiese sido meterme a mí de delantero centro y a Cayuela en la medular.

P En torno a esa época del Castellón hay muchas leyendas referentes a su persona.

R No sé, algunas serán verdad, aunque yo no era un liante. Es cierto que a un partido de Copa contra el Betis casi no llego porque tenía dos exámenes, uno por la mañana y otro por la tarde, pero aprobé, llegué justo y corriendo, y ganamos. Otra vez me llamaron a la selección olímpica, pero yo ya sabía qué era eso, y era en Bulgaria y no quería ir, y me escondí en una sala a la que iba a bailar. Quinocho vino a buscarme, pero yo había calculado el tiempo y ya era imposible llegar a la hora.

P En el imaginario colectivo ha quedado con fama de no gustarle el fútbol, de ser algo perezoso también.

R Puede serlo, puede ser justa la fama. A mí jugar a fútbol me gustaba, pero verlo me gusta menos, eso es cierto. Yo veía partidos porque quería aprender, pero ahora qué importa, ahora me importa una mierda. El mundillo del fútbol en general no me gusta. Lo de vago no sé. Me llamaban malfainer, pero yo los días de partido, por la mañana, hacía un entrenamiento personal en playa, antes de comer, porque tenía problemas de espalda y veía que así funcionaba mejor. Me cuidaba, sobre todo tras la lesión de la rodilla.

P Vuelve a Madrid en el 73. También hay asuntos extradeportivos.

R Allí había tradición de jugar partido cada jueves. Primero salían los titulares un rato contra los reservas, y luego los reservas contra los juveniles. Yo era reserva: cuando volvimos al vestuario vimos en la pizarra que los titulares habían acordado no realizar declaraciones a los medios. Aquello se filtró y como Benito sabía que yo era amigo de Julián García Candau, el periodista, me acusó. Total, que nos pegamos. Luego a los cuatro días me pidió perdón porque supo que yo no había sido.

P No cuaja en Chamartín.

R Juego algunos partidos, pero allí estaba Netzer. Para qué tenía que ir yo si estaba Netzer. Fue el primero al que vi el pase largo con rosca en España, y se lo copié. Ahora veo que lo hace Modric, alguna vez. En aquel momento como mucho alguno centraba con efecto, como Rexach. En el Madrid en general había unas jerarquías muy marcadas. En un viaje europeo, en el aeropuerto de Moscú, había ahí libros gratis y cogí uno sobre el materialismo histórico. No entendí mucho, pero bueno, fui el único que cogió un libro. Me pusieron también la etiqueta de rojo, yo qué sé. Muñoz, el entrenador, era una buena persona, pero tuve poco trato con él. Con el presidente, con Bernabéu, ninguno. Creo que el último año jugué 12 partidos, vivía con Del Bosque en un piso, pero pillé una mala temporada. Cuando las cosas van mal... todos de mala leche, la prensa, unos follones... Era hasta desagradable.

P Se va al Valencia.

R El presidente era Ros Casares. A nivel de club estaba muy avanzado. Administrativamente de categoría. Tárraga era el gerente y luego Salvador Gomar. Ahí vivía en un piso con amigos del balonmano, lo pasábamos bien. Era un buen Valencia, pero creo que a Di Stéfano lo echaron demasiado pronto. Ficharon a un señor mayor yugoslavo, porque los yugoslavos estaban de moda, y el equipo no fue bien del todo. Era un equipo veterano, con jugadores magníficos, que solo necesitaba algún refuerzo, pero quisieron renovar el grupo y no funcionó. Estaban Claramunt, Quino, Suso Martínez, Keita... Claramunt seguramente sea el mejor futbolista valenciano de todos los tiempos. Era completísimo.

P ¿Quedó satisfecho?

R No jugué especialmente bien. Algún partido sí, pero no quedé contento, no creo que diera mi mejor nivel. También mi estilo de juego conllevaba ciertos problemas, en todos los clubes, y más en el Madrid. Ahí silban a todos, sobre todo a los futbolistas técnicos. Ahora el primero que lo paga es Benzema. Antes vi a Velázquez dirigir los insultos de la grada, como un director de orquesta. Yo he tenido líos en el Bernabéu, en Mestalla, en Castalia... Es normal.

P Del Valencia se va al Zaragoza.

R Porque me llamó Muller y porque me había casado, pero no debí haberme ido. Al año siguiente juntaron a la mejor delantera del mundo: Kempes, Rep y Diarte, y yo hubiera jugado detrás. La cagué.

P Y en Zaragoza qué.

R Zaragoza era una gran ciudad para vivir, muy cómoda. El equipo era flojo, porque eran buenos futbolistas pero algunos ya en decandencia.

P Y de Benito pasa a Violeta.

R Bueno, es que me vino ahí diciendo yo soy una leyenda, no sé qué. Le dije que no se preocupara, que le daba cinco mil pesetas para una estatua. Pero mi problema en Zaragoza fue que al cabo ed unos meses me lesioné de gravedad. Fue en un partido de Copa contra el Granada que no me tocaba jugar. Salí desde el banquillo porque se lesionó un compañero y se me cayó encima Toni Grande, y me rompí la rodilla.

P Casi le cuesta la retirada.

R Me operaron mal, primero en Zaragoza. Estuve más de un año sin recuperarme hasta que un verano fui a Barcelona por mi cuenta y me operó el doctor Cabot. Estaba totalmente cojo, la pierna se me iba. Fue una recuperación muy dura, de muchas horas, en Borriana con el fisio Granell.

P Vuelve al Castellón.

R Estaba Antonio Sales de presidente. Como Fabregat antes, era un buen presidente, y hubiese sido mejor en caso de durar más tiempo, pero sufrió mucho desgaste. La plantilla tenía una mezcla similar a la del 72. Gente de la casa, algún veterano y fichajes de Tercera a ver si se podían revalorizar. Roberto, Conde, Ribes, Racic, Viña... Éramos un equipo limitado, pero a mitad temporada llegó Draganic, un centrocampista que venía de México, y fue fundamental. Costó, pero subimos.

P El ascenso del 81, con otro gol suyo.

R Contra el Rayo. Marqué de penalti. Lo iba a tirar Ribes, pero yo tenía una prima especial por subir y preferí no delegar (risas). Al venir de la lesión, firmé un contrato con primas por partidos y objetivos. Lo metí y subimos. Luego con esa prima invité a toda la plantilla y a sus acompañantes a una comida de celebración.

P ¿El segundo ascenso supo mejor?

R Sin duda. De joven no valoras igual, y encima yo había sufrido mucho con la lesión. Se decían muchas cosas, que estaba acabado y demás, pero cojo se puede jugar a fútbol, eh, mientras no te duela. El segundo ascenso lo disfruté más, y además era en el Castellón, donde más cariño he recibido.

P El regreso a Primera fue efímero.

R A Ribes y Roberto los vendieron al Valencia. A Draganic no lo quisieron por ser mayor. El equipo necesitaba retoques, pero fue al revés. Trajeron a prueba a un brasileño zurdo, con buena pinta, pero nos vio y se largó. Fue un desastre. Desmontaron la base del equipo y no hubo reemplazo suficiente.

P Acabó en el Burriana.

R El Castellón se hizo imposible para mí. Después de bajar, también en Segunda íbamos mal. Vino Naya y su lema: ´mientras el balón esté en la grada, no nos marcan´. Pedía al equipo que diera patadas, y yo para esas cosas no estaba. Era veterano, tenía 32 años, y en el pueblo me dijeron «Ie, Juanito, juga amb nosaltres un any». Más o menos cumplí, era Tercera División, fue otra experiencia. Hace poco un viejo aficionado del Burriana me dijo algo bonito: «eras de los pocos que despreciabas el balón, que no lo mirabas al jugar». Me pareció un gran cumplido.

P ¿Mereció la pena todo el viaje?

R Yo no volvería a ser futbolista. También pasó que no tenía una carrera clara, una vocación. Era de ciencias, pero las matriculas la sacaba en letras. Lo que sé seguro es que no me volvería a ir a Madrid con 16 años, no creo que mereciera la pena.

P Rompió lazos con el fútbol.

R No me interesó ser entrenador ni director deportivo, ni nada de eso. Pensé que había que estar más preparado. Jugué con veteranos y al futbito. También escribí artículos de opinión durante casi veinte años. Al principio mis excompañeros no se creían que era yo el que los escribía. Alguna vez se quejaban. Recuerdo Valero, el portero, que algo no le gustó. Otros también te lo agradecían, claro.

P No es fácil la vida después de la pelota.

R Trabajé en un banco unos años y luego en el Patronat d´Esports. Aún tuve suerte de que me tocara la lotería cuando jugaba en el Burriana. Luego del fútbol hay que saber administrar o te vas a la mierda, así de claro.

P También se licenció en Derecho.

R Eso fue por un lío con el ayuntamiento de Borriana. Nos llamó el alcalde a mi vecino y a mí, porque estábamos en una unidad de ejecución. Fui a que me lo explicaran y los técnicos dijeron que era muy complicado. Le dije que no se preocuparan, que si era difícil de explicar lo estudiaría, y eso hice. Me licencié en Derecho, gané y mantuve la casa. Ahora me arrepiento de haberlo tumbado, porque debí pedir la expropiación y me hubieran dado una pasta de indemnización. Hubiese comprado una villa en Benicàssim.

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