18 de junio de 2018
18.06.2018
40 Años
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Deportes
Play-off de ascenso a Segunda B

El milagro de La Florida

El Castellón empata en el campo del Portugalete gracias a un gol de Cristian de penalti en el último suspiro (1-1)

18.06.2018 | 04:55
Festejo en la grada

Tanto ha penado el Castellón en los últimos años que podría decirse que el fútbol, en este play-off, le está devolviendo todas. El equipo de Escobar se retorcía contra las cuerdas, noqueado bajo el sol abrasador de Portugalete, aturdido desde el 1-0 catedralicio del minuto 58, desde el cabezazo al mentón del local Gabri Ortega, cuando Juanjo, a la desesperada, colgó al área la última falta. No era ni siquiera una falta peligrosa, porque la posición era frontal y lejana. No fue ni siquiera un lanzamiento brillante, porque el vuelo del balón pronto se pasó de largo, pero va a ser, si el cuento termina el domingo en ascenso orellut, una falta eternamente recordada. Porque Arturo sufrió un agarrón de Neira y el árbitro señaló el punto de penalti. Tras dos minutos interminables, Cristian Herrera lo marcó con una clase infinita, con la categoría cayéndosele por todos lados, engañando al portero Mediavilla para firmar un 1-1 que aproxima al Castellón al anhelo del ascenso.

Lo roza con la yema de los dedos, flotando como quien sobrevive a un tiroteo, ileso en el asombro por segundo partido consecutivo tras la ruleta del Narcís Sala y el milagro de La Florida.

Ayer, en la ida de la tercera y última eliminatoria del play-off, Escobar repitió el once que eliminó al Sant Andreu, con Enrique reforzando el lateral y Nuha formando dupla en ataque con David Cubillas. De entrada los dos equipos calcaron el plan. Cualquier balón era una invitación al ataque rápido y directo, cualquier falta a menos de setenta metros de la portería contraria era susceptible de ser colgada. Ambos se anudaron por dentro y estiraron la lona por fuera, con velocidad y ayudas de los laterales. El Castellón logró frenar los temibles arranques del Portu, que había encarrilado en los primeros minutos en La Florida los últimos partidos de la fase de ascenso.

Fue un primer tiempo sin ocasiones claras. Bengoetxea exigió a Enrique con explosividad por la izquierda, pero la tarea de Zagalá no pasó de la intendencia. El Portugalete sacó el primer córner en el minuto 27. Al Castellón le costaba cada vez más enviar la contienda al campo contrario, pero asomó con timidez de vez en cuando. Al filo de la media hora Nuha plantó a Serra frente al arquero Mediavilla, que anduvo más valiente en la pelota dividida. No era tarde para esconder la pierna, y eso pronto quedó claro. Cada choque se dirimía con firmeza y nobleza. El centro del campo era territorio minado. Las áreas quedaron prácticamente sin explorar hasta el descanso.

Los momentos
El fútbol es en play-off, más que nunca, un deporte de momentos. El Castellón dejó pasar uno bueno en los primeros minutos del segundo acto. Abraham relevó a Enrique en el flanco diestro y por ahí se generó una buena llegada, sin que Nuha y Cubillas acertaran a embocar el centro. También desde ese cuadradito, a la sombra, Juanjo enroscó una falta lateral que Mediavilla repelió de puños. Empezaba a creérselo el Castellón cuando recibió una dura estocada. Como en Tanos ante el Tropezón, como en Barcelona ante el Sant Andreu, el Castellón concedió un gol en un saque de esquina. El córner llegó tenso y enroscado, muy bien tocado, y Gabri Ortega ganó el salto clavando en el aire los tempos del cabezazo.

El Castellón acusó el mazazo, pero como en Tanos, como en Sant Andreu, como en diferentes situaciones adversas del curso, se las apañó para marcar un golito de valor excelso. Pero lo sufrió mucho, ayer, otra vez: con el 1-0, lo que era ligera incomodidad se convirtió en incomodidad extrema. Entraron Cristian y Sales, pero el paisaje apenas varió. Un zurdazo de Marenyà que se marchó fuera por poco fue la excepción. Se jugó a lo que el Portugalete quería. Los vascos rozaron el segundo gol, que hubiera supuesto prácticamente la sentencia. Zagalá lo evitó en el minuto 77, en la ocasión más clara, rechazando a quemarropa una volea de Bonilla en otra acción de estrategia. Pintaba crudo el atardecer vizcaíno, con el Castellón implorando un gol que todo lo cambiara. Como en Tafalla el año pasado, pero al revés, sobre la hora y en el barullo, el gol del postre llegó: fue cruel para quien lo recibió, y supo a gloria a quien lo marcó, in extremis, una epifanía de bronce, una súplica concedida en la última jugada por Cristian Herrera, y su varita.

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