01 de julio de 2018
01.07.2018
25 años y un día

Las guerras púnicas del padre Panach

La enseñanza en Castelló, además del instituto de bachiller de Santa Clara, conoció desde principios del S. XX la implantación de la Escuela Pía

01.07.2018 | 11:54
Las guerras púnicas del padre Panach

Entre los alumnos de la fotografía de «La Estudiantina» (arriba), tomada en la primera década del siglo XX en el claustro del instituto de Santa Clara, se adivina el rostro adolescente de los bachilleres almazorinos Rodolfo y Enrique Beltrán. Del primero, que cursó Derecho y fue asesinado los primeros días de la Guerra Civil, nos queda el eco de unos versos satíricos: «Por tu pueblo no hagas nada,/ a los pobres no les dés,/ y con la Iglesia no te metas/ que te «fotran» los tres»; de su hermano, el que fue embajador de España, nos queda para el recuerdo su actuación en la entrevista entre Franco con Hitler en Hendaya. Y, junto a ellos, destacó otro compañero de las primeras promociones del siglo en el instituto de la calle Mayor: Ramón Serrano Suñer, quien en aquella cumbre hispano-nazi ejerció de ministro de Asuntos Exteriores.

Público versus religioso

Decimos esto, porque los bachilleres del sistema de la enseñanza pública en Castelló, desde 1900, tuvieron que competir con el expediente académico con las primeras promociones que salían de las aulas de las Escuelas Pías con una formación privada de inspiración religiosa. Tal como vimos la semana pasada, detrás de cada unos de los programas de instrucción se desplegó dos modelos curriculares bien contrapuestos: el racionalista y el católico. Del primero, el del instituto de segunda enseñanza de Castelló, seguiremos hablando en lo sucesivo; del segundo, el de los escolapios, expondremos, a modo de ejemplo, el caso del padre Panach. Este religioso y docente, en plena dictadura franquista, presumía ante los alumnos de poseer el carnet de la CNT, no porque el hombre fuera un anarcosindicalista infiltrado en el régimen, sino porque durante el periodo revolucionario posterior al golpe del 36 le expidieron uno, a modo de salvoconducto, para que salvara la vida.

Además de esta falsa filiación, el rasgo que más deslumbraba de su arrolladora personalidad era la afición a la arqueología. Ello lo llevó a manejar una curiosa teoría sobre una guerra más lejana: la segunda guerra púnica. Según el padre, la principal batalla que libró Roma contra Cartago habría tenido lugar en el término de Cabanes y el arco habría servido para conmemorar su victoria. También sostenía que la existencia de un túmulo en el Mortórum muy bien podría albergar la tumba de uno de los Escipiones que combatió contra Anníbal. Amén.

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