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Entrevista

Avel.lí Corma: "En investigación, somos un país de guerrilleros"

«Si tuviéramos una idea clara de lo que queremos, sabríamos si vamos a necesitar al 80% de la gente que está fuera»

Avel.lí Corma: "En investigación, somos un país de guerrilleros"

Avel.lí Corma: "En investigación, somos un país de guerrilleros"

Avelino Corma (Moncófar, 1951) es uno de los contados españoles que suelen aparecer en las quinielas de los Premios Nobel, en su caso como candidato al galardón de Química. Los coches emiten menos gases contaminantes gracias a soluciones ideadas por Corma y su equipo desde ese centro. Cuando se realiza esta entrevista, el Nobel ya ha sido fallado y concedido a dos científicos estadounidenses y uno británico.

Europa espera conseguir en tres décadas un sistema libre de emisiones de CO2 . Pero hay numerosas incertidumbres por resolver. ¿Estamos tecnológicamente preparados para prescindir en poco tiempo de los combustibles fósiles?

En todo lo que se refiere a energía hay dos temas a tener en cuenta: uno es la velocidad a la que avanza la ciencia y la tecnología y otra es lo que debemos procurar para el bien de nuestro planeta y las leyes que se impongan para ello. Estas leyes pueden ser independientes de los avances científicos y, si se ponen, las tendremos que cumplir, pero en este momento se puede decir que no podemos prescindir de los hidrocarburos. Suponiendo que no suceda ningún descubrimiento asombroso, no se prevé que podamos hacerlo durante los próximos diez e incluso quince años.

¿Vale ese mismo plazo para el uso del carbón?

La tendencia es disminuir emisiones de CO2 y, dentro de los hidrocarburos, ir hacia aquellos que tengan menor contenido en hidrógeno, hacia el uso del gas ahora. Cabe esperar que el consumo de carbón para generación de electricidad vaya disminuyendo y vaya a aumentando el del gas. Pero hay que hacer es las cosas bien desde el punto de vista político y social. No hay vuelta de hoja: el consumo de carbón se reducirá en todo el mundo y el gas natural será energía de transición durante una etapa. Queramos o no, va a ser así. Ahora bien, los países y regiones tienen que hacer esa transición de forma que las personas no salgan perjudicadas, porque teóricamente todo lo que se hace es para que los ciudadanos vivamos mejor.

Los itinerarios de la transición energética cuentan con el desarrollo en estos años del almacenamiento de electricidad, un viejo problema no está resuelto. ¿Están cercanas las soluciones?

Fijar los tiempos es muy difícil. Si tuviéramos suficiente energía renovable para disociar el agua y obtener el hidrógeno, una manera de almacenarlo es hacerlo en compuestos químicos, en moléculas, de forma que después lo recuperásemos cuando fuera necesario. Puede ser con metanol, amoniaco... Por ejemplo, tenemos la tecnología para la conversión de hidrógeno y monóxido de carbono en metanol, algo que se está haciendo industrialmente desde hace años. En cambio, no tenemos todavía la capacidad para producir el hidrógeno que necesitaríamos.

Se ha dicho a menudo que apostar por el hidrógeno como combustible conlleva problemas de seguridad...

No creo que ése sea el paso limitante en estos momentos. Si tenemos capacidad y tecnología para almacenar ese hidrógeno, después se puede ir liberando conforme se necesite.

La energía nuclear no emite CO 2 , pero despierta fuerte contestación social. Tras el accidente de Fukushima (2011), y al igual que ocurrió ante otros siniestros precedentes, muchos países están desplegando planes para abandonarla. ¿Es prescindible?

Las opiniones son dispares. Hay países nórdicos que han abierto últimamente centrales nucleares, y tenemos la idea de que esos países son precisamente los más respetuosos con el medio ambiente, y probablemente sea así. Hay un conjunto de factores que influyen en el uso o no de esta tecnología, entre ellos que las inversiones en centrales nucleares son muy elevadas, mientras que el gas es muy asequible y lo tenemos. El mensaje que se debe pasar es que tenemos una cesta de energías y debemos ir consiguiendo, mediante desarrollo tecnológico, utilizar cada vez más las que sean renovables y menos aquellas otras que consuman muchos recursos naturales.

La investigación sobre la captura y confinamiento de CO 2 ha sido relegada...

En Noruega, en zonas de yacimientos pretrolíferos, tienen unos lechos salinos donde se puede almacenar el CO2. Algo así se puede utilizar. En otro caso, no va a ser tan fácil.

La sociedad se inclina cada vez más a considerar a la industria como una actividad molesta y que nadie quiere cerca, pero es al mismo tiempo la actividad productiva con mayor capacidad de generar riqueza. ¿Dónde está el equilibrio?

Los legisladores tienen que legislar de cara a la salud pública, pero, una vez legislado y si conseguimos cumplir los límites que se ponga, ¿cuál es el problema en tener las industrias aquí? En otro caso resulta muy cínico decir que nosotros no queremos esas actividades, pero se las mandamos a otros, les pedimos que nos envíen los productos manufacturados y, a ser posible, muy baratos. Soy partidario de que se cuide la salud pública, pero también de que fabriquemos y demos trabajo aquí cumpliendo las normas. ¿Por qué lo vamos a hacer en el patio del otro?

Europa tiene un fuerte compromiso para reducir el CO2 que no es igual en otras partes del mundo con mayores emisiones. Parece que no tiene mucho sentido penalizar y cerrar producciones industriales propias porque contaminan si luego se las vamos a comprar a otros que lo seguirán haciéndolo, de forma que las emisiones globales no bajarán...

Efectivamente no tiene ningún sentido que yo tome medidas a nivel de mi pueblo, porque no va a tener ningún impacto. Para eso están los foros internacionales y ahí es donde se tiene que insistir y ahí es donde se debe utilizar la fuerza política para que a nivel global podamos cumplir con los límites y ya está.

¿Aparece usted con frecuencia en las quinielas del Premio Nobel de Química?

Hay muchos investigadores que son muy buenos y la química es además muy amplia.

¿Qué le parecen los Nobel de este año: Francis H. Arnold, George P. Smith y Gregory P. Winter?

Pertenecen a la parte de enzimas. Lo que hicieron en su momento fue bastante revolucionario.

Fue tentado en el pasado por varios partidos para entrar en política, pero declinó hacerlo (más allá de una estancia reciente y breve en el comité científico de la Agencia Estatal de Investigación). ¿Por qué?

Lo mío es la investigación, es lo que me gusta y a lo que quiero dedicarme. Y no le digo más.

Pero imagine por un momento que usted fuera ministro de Ciencia y Tecnología. ¿Qué decisión principal tomaría para mejorar el sistema español de I+D?

Todo lo que nosotros necesitamos es un plan a medio y largo plazo. Sin una planificación difícilmente vamos a llegar a nada. Debemos tener claro qué queremos hacer, con qué lo queremos hacer y con quién lo queremos hacer. Deberíamos planificar las líneas que consideramos importante desarrollar y poner los recursos humanos y económicos necesarios. Sin esa planificación y sin esos recursos, iremos como siempre a salto de mata, siendo un país de guerrilleros. Yo lo he sido toda mi vida.

¿Un país de guerrilleros?

Quiero decir que aquí tenemos individualidades que funcionan muy bien, muchas veces con un esfuerzo personal que va más allá de las obligaciones, pero no hay una planificación de país.

Se dice con frecuencia que en España apenas existe contacto entre Universidad y empresa, aunque su instituto es una excepción. ¿Están reduciéndose o no las distancias?

Estamos mejorando y nos estamos acercando más. El problema venía de las dos partes. Las empresas son muchas veces meras productoras que realmente no necesitan de una investigación muy avanzada para funcionar y que compran a otros la tecnología. Los centros de investigación y universidades están para hacer avanzar el conocimiento. A medida que hay más empresas con tecnologías más avanzadas, éstas se dan cuenta de que necesitan ese conocimiento más fundamental para ser competitivas. Eso hace que se acerquen más a la universidad y que ésta se acerque a esas empresas que tienen interés en ello.

Las universidades españolas suelen salir malparadas en las clasificaciones internacionales...

No voy a entrar en si los rankings están muy sesgados o no, algo que por otra parte es verdad. Se lo voy a explicar de otra manera: dígame tres o cuatro equipos que todos los años van a ganar la Liga de fútbol; me los dirá en seguida y después miraremos los presupuestos que tienen; después, dígame los que van a estar en la zona templada de la clasificación y en la zona baja, y verá que, salvo alguna excepción, cada equipo estará donde le corresponde en relación al presupuesto que invierte. Yo hice el siguiente ejercicio: miré las veinte primeras universidades americanas en química, vi lo que cada una ponía para investigación y resulta que la que ocupaba el número 20 disponía prácticamente del mismo dinero que todo lo que se pone en el conjunto de España.

Las familias españolas se han volcado en enviar a sus hijos a la universidad durante las últimas cuatro o cinco décadas. Al menos en privado, una corriente de intelectuales y gestores se manifiesta partidaria de limitar más el acceso para elevar el nivel académico. ¿Usted lo haría?

Mi opinión se basa en el principio de igualdad de oportunidades. A toda aquella persona que tenga las capacidades necesarias se le deben facilitar los medios, si no los tiene, para que pueda desarrollarlas. Dicho esto, los estudiantes en la Universidad son trabajadores, están haciendo un trabajo determinado que la sociedad les ha encargado y por eso los mantiene. Quien repetidamente se vea que no está cumpliendo ese trabajo tendría que dedicarse a otra cosa.

¿Cómo recuperar siquiera parte del talento científico español que ha emigrado?

Al no haber planificación, no tenemos previsiones, no sabemos cuántas personas podemos necesitar ni de qué niveles. Todo crece de una forma improvisada o, si quiere, desordenada. Si tuviéramos una idea clara de lo que queremos, de las líneas de investigación que pretendemos seguir, sabríamos si vamos a necesitar, por ejemplo, al 80% de toda esa gente que está fuera y podríamos pensar en cómo hacérselo atractivo para que volvieran.

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