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ROIG REGRESA A LA TRINCHERA

Javi Mata

Roig llegó al Villarreal con un proyecto que parecía una locura, era algo de lo que algunos llegaron a hacer chistes de lo poco que duraría «este valencianet xulo». Es verdad que aquello parecía más un brindis al sol y una envalentonada de Bar que una realidad. Y es que el Villarreal al que llegó Roig era un equipo de pueblo, que malvivía y de milagro en Segunda con muchas deudas, con una masa social de unos 3.000 socios y que no contaba con nada a lo que agarrarse. Lo mismo pasó cuando una vez en Primera, se le ocurrió apuntarse a una competición de pobres para jugar Europa, la Intertoto se llamaba. Las risas y las coñas fueron buenas, el Villarreal en Europa. Como dijo Maradona cuando le dijeron que Palermo había fichado por el equipo amarillo: «¿El Villarreal? No me jodas».

Las mismas risas y miradas raras que se vieron el día que decidió matar a Román para salvar a Pellegrini, cuando el argentino pensaba que el equipo era suyo. O la vez que bajó al campo tras descender un equipo de Champions a Segunda y se puso a merced de lo que dijera la grada. O aquella vez que bajó a la banda a recriminar a un jugador del Celta y un arbitraje que llevaba a Segunda a su equipo, y que acabó remontando.

Ese es Roig, con sus virtudes y sus defectos, con sus prontos y con su carácter. Ese Roig que construyó un equipo desde la nada y que ahora viendo que está tocado de muerte y con miedo, decide que debe ponerse delante de sus generales y de la tropa, dejando claro que es el primero que se juega todo y que por ello le toca decidir y dar la cara. Roig no ve la guerra desde la montaña o desde el despacho, la vive a pie de trinchera y con el fusil en la mano. Si debe morir prefiere hacerlo en primera línea y con sus ideas, que no desde casa viendo cómo su ejército cae por una transmisión por Internet.

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