11 de febrero de 2019
11.02.2019
DEPORTES
CD CASTELLÓN

El empate habitual

El Castellón araña un punto en el campo del Ebro, sigue sin ganar fuera y es el nuevo colista, a cuatro de la permanencia

10.02.2019 | 21:10
El empate habitual

El Castellón afrontaba el examen de siempre y lo solventó con el resultado de casi siempre. El empate habitual deja a los albinegros a cuatro puntos de la permanencia. El cosechado en el campo del Ebro es el noveno del Castellón a domicilio, donde aún no ha ganado. De punto en punto no sale de abajo. El rey del empate, dirían los clásicos: catorce tablas en veinticuatro jornadas de Liga. Colista.

Empatar sirve de poco en el fútbol de hoy en día. El 0-0 de ayer destiló aroma a viejo conocido. El Castellón compite en cualquier campo y ante cualquier rival. Es verdad que ninguno lo barre, ninguno se lo lleva por delante, pero es verdad también que no se impone apenas nunca, que no zarandea a los rivales cuando los minimiza. El resultado es un pacto tácito de escasa agresión. Los partidos desembocan en un punto muerto donde, ante el instinto de supervivencia, el riesgo palidece.

En el brete de ir o no ir, en el paso que decanta lo ordinario y lo convierte en excepcional, el Castellón rara vez asoma la cabeza. No encuentra quien cruce la línea de fuego. Veinticinco fichajes y tres entrenadores después, a la hora de la verdad, el Castellón no encuentra aún quien marque la diferencia.

Ayer empezó bien en el modesto campo de la Almozara. Mejor que el rival, al menos. En el primer minuto de juego, Gálvez rozó el gol al cabecear un córner. En el diez, Caballero ejecutó una falta en la frontal, y se le fue algo alta. El Ebro tardó un rato en reaccionar y lo hizo, como el Castellón, asido a la pelota parada. El escenario en realidad no daba para mucho más. Un campo pequeño y una superficie sintética, y además se levantó el viento, que todo lo dificultaba. El bote de balón pocas veces era limpio. Por ahí se le complicó al portero Álvaro un centro de Sergio en el minuto 12, con susto y amenaza de autogol para Regalón. Por ahí se le envenenó al poco también a Álvaro, en el minuto 14, una falta botada por Víctor.

A medida que avanzó el minutero, el partido se fue espesando. Fue una guerra de guerrillas plagada de interrupciones. Saques de banda, faltas, rechaces y segundas jugadas. Apenas hubo juego corrido. Apenas hubo ocasiones claras. En el minuto 25, el local Víctor García alcanzó línea de fondo, pero no acertó a hilvanar el pase de la muerte en el momento adecuado. La acción sirvió de ejemplo colectivo: hubo mucha llegada, mucho acercamiento, pero escasa huella de verdad en el área.


Reanudación

El segundo tiempo fue parecido en esencia, picar piedra, pero más albinegro que el primero. El Castellón jugó a favor del viento y lo agradeció. Le costó salir al Ebro, mayormente replegado, pero tampoco lo aprovechó del todo el equipo de Cano. La vía habitual fueron los tiros de media distancia. El local Víctor probó de lejos a Álvaro, y casi de inmediato replicó Jamelli exigiendo también al ex orellut Salva.

Cano movió el banquillo. Sentó a Jairo y entró César Díaz, pero el ataque no pasó del barullo. Las faltas de un acelerado Gálvez dieron oxígeno al Ebro en el tramo final, aunque de una de ellas, a la contra, surgió la ocasión postrera. Julio Delgado, revulsivo de última hora, cobró una falta lateral en el tiempo añadido. Se acercó César para enroscarla y la afición albinegra se vino arriba. Hubo palmas, hubo súplicas, hubo cánticos invocando al gol. Hubo esperanza de que por fin la norma mutara en excepción, pero no, lo crudo: balón rechazado, combate nulo, y un punto ramplón.

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