22 de agosto de 2019
22.08.2019

Segorbe mantiene viva su historia con su Entrada de Toros y Caballos

Las Fiestas Patronales de la capital del Alto Palancia aúnan todo el potencial taurino de la Comunitat Valenciana

22.08.2019 | 19:21

Segorbe "se coloca en el centro de frondosas huertas, y bañada por las aguas del Palancia, descuella erguida por entre aquellos campos de verdura convertidos en hermosos jardines", como describió el político pamplonés Pascual Madoz Ibáñez al emblemático municipio valenciano en su obra enciclopédica Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar en 1849.

Ataviada para la ocasión, en sus calles ya se respira el ambiente festivo. Un aroma que se entremezcla con el olor del jamón y los embutidos de elaboración propia, las tortas de pimiento "colorao" o el puchero segorbino. Y es que, además de por su gastronomía, Segorbe es rica por su milenaria historia, una que se remonta a tiempos prehistóricos cuando el municipio valenciano fue asentamiento de numerosas poblaciones. Estos días, sus más de 105 kilómetros cuadrados de superficie y su dilatada historia están de celebración.

La Entrada de Toros y Caballos de Segorbe es una fiesta de fama mundial. David Torres.

Quien visite estos días Segorbe podrá ser testigo directo de una de las fiestas más emblemáticas de la Comunitat Valenciana, así como disfrutar de las actividades programadas con motivo de la celebración de sus fiestas patronales. Empiezan el último domingo de agosto y se prolongan durante dos semanas, hasta el 15 de septiembre, en honor a la Virgen bajo la triple advocación de la Esperanza, del Loreto y de la Cueva Santa.

Los primeros siete días están destinados a los actos religiosos, mientras que en la segunda semana de septiembre los toros ostentan toda la atención. Su protagonismo es incuestionable, pues la Entrada de Toros y Caballos consigue congregar año tras año a miles de personas en sus calles de estilo gótico. Tanto es así, que en 1985 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, un reconocimiento que se aumentó en el año 2005 bajo la categoría Internacional. Así, las romerías, procesiones, castillos de fuegos artificiales, conciertos o exposiciones, entre otros, dan paso a las vaquillas, los toros embolados, las largas noches de verbena y la Feria del Jamón y del Embutido Artesano.

Su Entrada más icónica

En algo más de 60 segundos la entrada es capaz de romper cualquier esquema sobre lo que puede llegar a ser la fiesta. Las barreras utilizadas a modo de protección se desvanecen reconvertidas en una marea humana hasta la que se acercan los caballos que conducen a los seis astados que bajan raudos desde la plaza de los Mesones hasta la plaza de la Cueva Santa. Al ser contemplada desde una posición más elevada, resulta difícil, sino imposible, no maravillarse ante la "cremallera" en la que se transforma la gran oleada de aficionados presentes en la calle Collón. Tras el pistoletazo de salida, caballos y público danzan eufóricos abriendo paso a los corceles. Tras su paso, la "cremallera" vuelve a cerrarse.

Todo pasa en menos de un minuto y a lo largo de 450 metros de recorrido. Seis toros, un manso y 14 caballistas. La expectación, la pasión y la magnanimidad permanecen. Pero, ¿cómo funciona la enseña segorbina?

Con más de seis siglos de historia, pues la primera referencia de la celebración está datada en 1386, el festejo ha ido evolucionando sin perder su esencia cultural tan característica. Del único astado que corría por la localidad en antaño costeado por carnicerías cristianas y musulmanas queda un gran legado patrimonial. Actualmente, exaltación y aventura confluyen juntas cuando el reloj marca las 14:00 horas. Puntual a su cita, el disparo de un cohete introduce a los segorbinos y segorbinas en la frenética contienda que tiene su punto de inicio en la calle Argen.

A las 11:00 horas, al lado del río Palancia, los pastores abren sus corrales para que los astados puedan pastar y beber agua antes de la Entrada. Tan solo una hora después, se realiza la "Tría", una selección de los seis toros que correrán minutos después ante más de 150.000 personas.

Desde el camino del Rialé hasta las murallas del municipio valenciano, pasando por la plaza del Ángel, cientos de curiosos esperan el paso de las reses. Una tradición que trasciende de padres a hijos y que sirve de preludio a la Entrada. A la misma hora, pero en la calle Colón, propios y extraños se afanan en ocupar su espacio en el vial mientras los balcones reciben a los privilegiados espectadores. Entre vítores de admiración y entusiasmo, las peñas más emblemáticas de Segorbe desfilan orgullosas junto a un manso. Las caras de asombro se suceden una tras otra a su paso por su gran tamaño y calma. Y, de repente, una ansiada explosión da rienda suelta al astado, acompañado en este momento de seis toros más.

Los caballistas conducen a las reses bravas hasta la plaza de la Cueva Santa. Ayuntamiento de Segorbe

Tras la Salida, los caballistas los recogen en lo que los allí presentes definen como "uno de los momentos más impresionantes" de la Entrada. Fundidos en uno, caballo y jinete se exhiben con maestría, formando diversas formas para agrupar a la manada, y la conducen hasta la plaza de la Cueva Santa. La carrera, aunque breve, pareciera perdurar para siempre en el tiempo. Capaz de despertar todos los sentidos, el sonido de los animales a su paso por la calle Colón se funde con las arengas y animadas exclamaciones de los asistentes en un sonido, que aunque imperceptible, parece que hable de felicidad.

El desfile finaliza entre aplausos, agradecimiento y admiración cuando los caballistas dejan a los astados en la plaza, que se sella tras su entrada. Sin la euforia del momento previo, pero con la misma emoción, los caballistas inician un camino de regreso en el que el pueblo reconoce su valentía y bravura. Es gracias a su acción, entre otros muchos factores, que Segorbe puede presumir orgullosa de poseer en su haber uno de los actos taurinos más icónico y espectacular de la Comunitat Valenciana.

Fiestas "inmortales"

La localidad se vuelca en sus fiestas patronales, unas capaces de combinar la tradición y las nuevas corrientes en una simbiosis perfecta en la que pasado, presente y futuro confluyen en cada rincón de la capital del Alto Palancia. En sus calles resuena la música de grupos como "La Tribu", de homenajes a Joaquín Sabina, de orquestas como "La Senda" o del concierto de "Camela", que este año celebra su gira conmemorativa por sus 25 años de trayectoria.

Grandes y pequeños, aficionados de la fiesta, apasionados de la tauromaquia, fieles a las tradiciones litúrgicas. Mujeres y hombres, sea cual fuere su preferencia, tienen cabida en Segorbe durante la celebración de sus grandes fiestas. Emblema del férreo propósito segorbino de no dejar perder aquello que los hace únicos, que mantiene conectados por una fina línea lo que fue y la convicción de lo que seguirá siendo. Y es que, en sus calles ya se escucha el clamor, ya se saborea su característica gastronomía. En sus calles ya se aprecia la cultura, en su gente ya se contagia la pasión.

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