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Atrapado entre dos confinamientos

El castellonense Pablo Checa vivió la cuarentena en China y tras su regresó a Castelló ha tenido que volver a encerrarse en casa

Pablo Checa, en una imagen durante su estancia en China.

Pablo Checa, en una imagen durante su estancia en China. levante-emv

Pablo Checa vivió en China el estallido de la mayor crisis mundial del presente siglo. Era el director deportivo del Yuan Wen Yang Football Club de Zhoushan, una isla de la provincia de Zhejiang. Vivía a solo 30 kilómetros del segundo mayor foco de coronavirus del país. La irrupción del Covid-19 le dejó sin trabajo y le obligó a un estricto confinamiento, como millones de personas del gigante comunista. Tras abandonar la potencia asiática para regresar a Castelló, donde tiene a la familia, ha vuelto a encerrarse en casa tras decretarse el estado de alarma. Checa asegura que en España se ha actuado tarde contra la pandemia y que debemos aprender de la mentalidad china para vencer al virus.

El entrenador de fútbol valenciano llevaba un año y medio en China, un país donde ahora «no está bien visto que una persona de España entre al país», por lo que a corto plazo no tiene previsto volver al gigante asiático para trabajar, pese a que comienza a superar la crisis del coronavirus. «El club y yo hemos roto el contrato que nos unía, ellos me han hecho ver que no puedo regresar, que las autoridades no lo ven apropiado», explica a este periódico.

Pablo vivió los primeros 20 días de confinamiento en China y ahora revive la situación en España, lo que le da una amplia visión de lo que ha sucedido y cómo está reaccionando cada país a la grave crisis sanitaria y económica. «Allí comenzó todo el 20 de enero. Estuve tres semanas encerrado en la urbanización en la que vivía. Te permitían más o menos los mismos movimientos que te permiten aquí, pero la diferencia principal es que desde el primer día que se detectaron los contagios en Wuhan, las autoridades cerraron por completo todas las regiones. Además coincidió con la festividad del Año Nuevo chino y eso favoreció el confinamiento, ya que el país se paraliza una semana», relata el castellonense.

Decisión acertada

Tras las primeras semanas de confinamiento, Pablo Checa logró regresar a España el 10 de febrero. «Volver con la familia creo que fue la decisión acertada, estaban muy preocupados y además tuve que regresar por el visado», señala, mientras que un compañero también entrenador, Carlos Patiño, decidió quedarse en China. «Él ha vuelto a trabajar desde hace dos semanas tras pasar todo el confinamiento allí. En cambio yo de momento no voy a volver China, los españoles no vamos a tener esa oportunidad en los próximos meses porque ahora nosotros somos uno de los mayores focos de infección del virus», explica.

Con todo, Pablo está agradecido del trato que le dispensaron en su club de Zhoushan. «Aunque nos suspendieron el sueldo y no teníamos ingresos, en realidad en China se vive con muy poco. Prácticamente con un euro al día se puede comer. El presidente del club ha sido muy transparente conmigo y el trato ha sido bueno, incluso me pagaron el billete de regreso a casa», recuerda.

Se ha actuado tarde

Nada más regresar a España, el entrenador castellonense se percató de que no se estaba tomando en serio la crisis del coronavirus y se muestra muy crítico con las medidas adoptadas hasta la fecha. «Aquí lo han hecho muy mal y, sobre todo, la gente ha de saber que en España lo gordo solo acaba de comenzar. Donde vivía en China, una región con cuatro grandes ciudades que entre todas superaban los 14 millones de personas, no llegaron a registrarse ni 5.000 contagios. Compara eso con Madrid, 4 millones de habitantes y muchos miles más de contagios y subiendo la cifra», se lamenta. Pablo reafirma su argumento: «En Shanghai son unos 27 millones de personas y solo se detectaron 350 contagios. En China se ha resuelto la situación con más rapidez de lo normal porque desde el principio la disciplina fue férrea», argumenta.

Checa asegura que desde sus primeros días en Castelló se autoimpuso el confinamiento, pese a que no había restricciones por parte del Gobierno. Con todo, lo que más le dolió es que le trataran como una especie de apestado a su regreso. «Cuando llegué aquí las dos primeras semanas salía lo justo, intentaba no quedar con los amigos, no ir de tasqueo por evitar el qué dirán y para que no me señalaran. Pero he tenido que aguantar faltas de respeto, comentarios despectivos y mucha ignorancia respecto al tema. Yo tenía claro desde el primer momento que el virus no venía por un animal como se decía en España», explica, para recordar que, pese a todo lo que se dijo del pueblo chino, «ahora son ellos los que están ayudando a España».

El entrenador valenciano le sigue «alucinando» cómo se trató la pandemia en España y lamenta que no se hayan tomado medidas más rápidas y contundentes. «Estando en China ya se supo de un caso en Canarias. Sabiendo lo que había pasado allí, con 1.400 millones de personas, ¿no eres capaz de cerrar fronteras por aire y las fronteras terrestres de España? Llegué a València sin ningún tipo de control, mientras que de China a Rusia me hicieron un máster de controles», relata.

Menos miedo que España

En España ha tenido que resignarse a la situación de un nuevo confinamiento. «Volvemos a empezar en España», explica Checa, que entre los dos confinamientos estima que estará dos meses como mínimo encerrado. Asegura que lo primero que les pidió a sus padres ante la situación es «tranquilidad». De hecho, lo que más le preocupa es la mezcla de alarmismo e inconsciencia de las personas.

Y lo desarrolla: «Por una parte veo que se está transmitiendo excesivo miedo a través de los medios. En China la información que llegaba era la justa, evidentemente porque es un régimen que lo controla todo, pero eso hacía que la población tuviera una preocupación relativa, con menos alarma, con menos mensajes de miedo. Aquí se transmite pánico y los mayores son el colectivo que más lo está sufriendo».

También ve un grado de inconsciencia en la gente ante el decreto de estado de alarma. «No se dan cuenta que lo que va a pasar aquí no se va a recuperar en un año, que nos vamos a tirar en esta situación hasta mayo seguro», estima el castellonense, que lamenta que se construyan ahora hospitales de campaña «cuando lo debían haber hecho cuando se detectaron los primeros casos».

Entre los comportamientos que no entiende en España están el del abuso de las mascarillas. «En China nos dijeron que lo primordial era evitar contacto con gente desconocida y que usáramos la mascarilla solo si teníamos síntomas, pero no hay que ponérsela por costumbre porque si no acaba pasando lo que hemos visto, que se acaban las mascarillas». Y sentencia: «En España hay más egoísmo».

Al menos, Pablo Checa ha encontrado una ocupación durante su segundo confinamiento, ya que es asesor de bienestar de alazle permite trabajar desde casa con el móvil y el ordenador, pero aconseja a quien no tenga la oportunidad de trabajar «que mantengan la mente ocupada con lo que sea, es lo más importante».

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