24 de noviembre de 2010
24.11.2010
Análisis

La sensibilidad química múltiple

18.11.2010 | 06:30
El uso abusivo de productos químicos puede condicionar la salud

El 12% de la población presenta mecanismos de respuesta excesiva frente a estímulos químicos o ambientales. Muchos de estos casos son patológicos, y generan manifestaciones en la piel, alteraciones digestivas, respiratorias y neuropsicológicas, crónicas y persistentes, que dificultan la vida cotidiana.

Hablamos de la sensibilidad química, de la intolerancia ambiental inducida por tóxicos, por lo general productos químicos habituales en los hogares, una enfermedad cada vez más común. Para algunos investigadores, la sensibilidad química múltiple (SQM) es más frecuente incluso que la diabetes, y de los estudios epidemiológicos realizados hasta ahora, en especial en los EE.UU., se concluye que un 3,5% de la población padece SQM grave.
Este trastorno se caracteriza por una respuesta fisiológica anómala, amplia y variada, que ciertas personas presentan frente a numerosas moléculas químicas que se encuentran en el medioambiente, en el trabajo, en casa, e incluso en los alimentos y medicamentos. A lo largo de sus 50 años de historia esta patología ha recibido numerosos apellidos, como enfermedad ambiental, hipersensibilidad química y electromagnética, síndrome de alergia total, síndrome de repuesta a las sustancias químicas€ pero lo cierto es que quien la sufre se enfrenta a muchas y diferentes respuestas fisiológicas de su organismo, como dermatitis, arritmias, dolor articular y muscular, fatiga, dificultad en la respiración, broncoespamo, cefaleas, migrañas, fibromialgia, picor en los ojos, visión borrosa, intolerancia al ruido, problemas gastrointestinales, colon irritable, cistitis irritativa, e incluso intolerancias a ciertos alimentos.
El origen de esta enfermedad radica en la sensibilización que sufre el paciente a estímulos repetidos (químicos tóxicos), que inducen una pérdida de tolerancia a la respuesta biológica, especialmente cuando vuelven a enfrentarse con estos elementos, lo cual produce una sensibilización progresiva (central corticolímbica), según algunos autores, que mantiene la respuesta durante un tiempo a pesar de cesar la presencia del estímulo. La SQM no debe de confundirse con los procesos de alergias, inflamación, autoinmunidad e incluso somatización, con los que comparte síntomas, pero no fisiopatología. La base científica de esta respuesta a productos químicos, disolventes orgánicos y pesticidas incluidos, parece que radica en la actividad excesiva del receptor celular NMDA; incluso ya se han descrito seis genes que podrían determinar la susceptibilidad a sufrir una SQM.
El diagnóstico en ocasiones es muy complicado, y se recurre a criterio clínicos, que son comunes a otras enfermedades; el cuestionario Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory sirve para identificar los agentes desencadenantes de los síntomas, además de cuantificar su gravedad y las repercusiones que la sensibilidad química tiene en la vida. Por el momento, no hay ningún tratamiento específico para esta enfermedad. ¿Qué hacer?
Para los pacientes es imprescindible evitar la exposición repetida a las sustancias y moléculas que les desencadenan las crisis, que pueden ser crónicas, persistentes y que reducen indudablemente su calidad de vida y la de sus familias. Por lo tanto, hay que tomar medidas en todos los territorios, desde la propia vivienda al trabajo, incluyendo hábitos alimenticios y actividad física.
El servicio de Reumatología del Instituto Ferrán de Barcelona, recomienda a las persona con intolerancia o SQM una serie de consejos para reducir sus exposiciones a los tóxicos, como por ejemplo: (a) en la calle, evitar pasar por zonas que estén asfaltando o alquitranando, incluso por gasolineras, áreas de mucho tráfico, y según la gravedad de los síntomas es aconsejable el uso de mascarillas con carbón activado para reducir la exposición a la contaminación ambiental; (b) la vivienda no debe de estar cercana a las situaciones anteriores, ni alrededor de industrias químicas, petroquímicas, metalúrgicas, serrerías€ que emitan humos al medio ambiente, e incluso de aeropuertos y muelles de carga y descarga de mercancías, y también hay que evitar la proximidad a líneas de alta tensión y estaciones base de telefonía móvil; (c) en el trabajo, además de seguir las recomendaciones del punto anterior, evitar la proximidad con fotocopiadoras e impresoras laser, y cuando se realicen tareas de mantenimiento del aire acondicionado, pintura, moqueta, limpieza general, y el uso de productos químicos en desagües o desinfectantes, los enfermos con SQM no deben de permanecer en la habitación.
La lista de situaciones a evitar es interminable para los pacientes de SQM que viven de manera similar a «los pájaros de la mina», enjaulados, condenados a la incomprensión, porque su organismo cambio un día el umbral de tolerancia a ciertos productos químicos, recibiendo a cambio la intolerancia de una sociedad cada vez más tecnológica y deshumanizada.

«Los pájaros de la mina» y los tóxicos
En diciembre se estrenará Los pájaros de la mina, el primer cortometraje sobre la Sensibilidad Química Múltiple (SQM), en España, dirigido por el pontevedrés Víctor Moreno. Salir a la calle, oler a ropa tendida, a productos de limpieza, e incluso los ruidos, pueden ser una pesadilla para los enfermos de SQM, que según Moreno «no tienen vida propia». La protagonista de la historia, afectada de SQM, y autora del guión es la valenciana Mariam Felipe, que muestra la situación física y psíquica de los afectados, desde las primeras crisis hasta las dificultades diarias con las que se encuentran estos enfermos para desarrollar su vida; en la SQM cualquier actividad cotidiana supone un riesgo para la salud. El título del corto hace referencia a los canarios que utilizaban los mineros como válvula de seguridad en la mina.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook