05 de diciembre de 2009
05.12.2009

«karagöz & hacivat», del zanfonista Marc EgeA

03.12.2009 | 00:49

Concierto de viola de rueda

Marc Egea es un personaje cargado de conocimiento. Su sencillez camina de la mano de su profundidad. Su personalidad rezuma sabiduría y discreción en una mezcla de bagaje cultural y un persistente afán de búsqueda y deseo de abrir caminos. En su concierto nos ofreció un más que abierto repertorio de recursos sonoros al tiempo que maestría en el uso de materiales tradicionales y múltiples formas de desarrollarlos y mostrarlos desde una óptica contemporánea.
Desde un recorrido por temas de su disco Karagöz & Hacivat (dos marionetas turcas que nos presentó físicamente), como Festuques i Estipes, Ylem o Pangu (el gegant d´on surten totes le coses), en los que manifestó una simbiosis equilibrada entre los loops grabados en directo y el desarrollo de los temas sobre esos mismos materiales, nos ofreció unas excelentes versiones de temas de otros compositores de procedencias muy diversas. Guarda la rama, del también zanfonista Germán Díaz, adquirió en manos de Egea una coloración personal, con un tratamiento cuidadoso y delicado.
Mostró su gran capacidad para adaptar a su instrumento las composiciones del egipcio Sayyed Darwish (Zuruni) y del moldavo Anatol Stefanet (Another Night). Pero también nos ofreció novedades como Malacoda, homenaje a Samuel Beckett, uno de sus poetas preferidos, y una pieza que dará nombre a su próximo trabajo discográfico Chuveirinyo, un paso más en su constante ejercicio de investigación sonora con un instrumento tan ancestral como es la viola de rueda. A lo largo de la tarde, la viola se vio salpicada de estimulantes intervenciones del flaviol (pequeña flauta tradicional) y del Tarógatò, un clarinete de Transilvania, con un potente sonido y una tímbrica cercana al saxo soprano.
Un especial sabor nos dejó la pieza L´Estampida, que Marc asegura que le transmitió un monje en un sueño, con la condición de que cuando fuera interpretara la desarrollara por medio de una improvisación en tiempo de blues... y Marc Egea cumplió el encargo.

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