25 de junio de 2010
25.06.2010

Huérfanos maduros, viejos rencores

18.06.2010 | 07:30

El cineasta argentino Daniel Burman vuelve a profundizar en los conflictos familiares en su última película «Dos hermanos»

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Una familia pequeña sobrevive en un precario equilibrio. La madre nonagenaria es cuidada por su hijo soltero desde hace cinco décadas, generando una relación de mutua dependencia. Lejos de ellos, la hija vive su vida sin aparecer por casa hasta que lo inevitable llega sin avisar. La madre desaparece y los dos maduros huérfanos se ven obligados a entenderse. Absolutamente solos, desgastados por la vida y la distancia afectiva, cualquier intento de aproximación podría resultar estéril.
Los hermanos son diametralmente opuestos. Marcos, interpretado por el conocido actor de teatro argentino Antonio Gasalla, es paciente, inalterable, metódico, respetuoso y fundamentalmente se ha aceptado a sí mismo. Su hermana, encarnada por la estrella de la pantalla argentina Graciela Borges, sorprende donde va, soberbia y prepotente embauca a quien puede, aunque en lo más íntimo guarda con celo el secreto de su vulnerabilidad: el espejo la aterroriza. Por primera vez, ambos divos actúan juntos ante las cámaras.
En su reciente largometraje, Dos hermanos, el director argentino descendiente de emigrantes polacos judíos Daniel Burman aborda la complejidad de los lazos familiares, sobre todo la fragilidad de los vínculos entre hermanos diferentes. Sobre su película, el cineasta afirma que «mientras los padres aún viven, los conflictos se enmascaran y posponen, pero cuando éstos se van y los hermanos se quedan solos las tensiones aparentemente apagadas vuelven a aflorar». En el filme se aprecia cómo estos viejos enfrentamientos pueden desarrollarse dentro de una antigua dinámica infantil.

Un cineasta de éxito
Daniel Burman consiguió gran éxito anteriormente con una trilogía sobre la familia y la evolución de los hijos jóvenes, explorando en la identidad judía contemporánea. En El abrazo partido (Oso de Plata en Berlín), habla de la orfandad por ausencia; en Derecho de familia, trata de la difícil sucesión de la paternidad, y, finalmente, en El nido vacío, Burman se adentra en la soledad de los padres cuando los hijos emprenden precozmente el vuelo hacia su libertad. En su última película, la reflexión del cineasta argentino se centra en los efectos de la desaparición de los progenitores.
Basada en la novela Villa Laura, del también guionista de la cinta junto a Burman, Sergio Dubcovsky, la película fue rodada en un pequeño poblado de Uruguay, donde se buscó el escenario adecuado para describir el conflicto entre los dos protagonistas. Marco, orfebre jubilado, se encuentra en el pueblo con un grupo de aficionados al teatro al que se incorpora con entusiasmo. Artista vocacional durante toda su vida, piensa desarrollar su sensibilidad natural en esa nueva actividad. Sin embargo, su hermana, con una actitud despótica que subestima a Marco y sus cualidades, intenta impedirle que continúe con el grupo. El drama de la realidad empezará a tener repercusiones en el montaje de la obra teatral.

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