25 de junio de 2010
25.06.2010

La madurez que no llega

18.06.2010 | 07:30

Fernando Franco

Hay odios familiares antiguos como el fraticidio hereditario de Rómulo o la traición de los hermanos de José. El cine no ha profundizado en esas tragedias. Sí lo hizo Robert Aldrich con Qué fue de baby Jane (1962), mostrando el rencor entre dos hermanas encarnadas por Bette Davis y Joan Crawford. Daniel Burman sorprende con un relato en el que la realidad se entreteje con una tragedia clásica. Con veintidós años, Burman participó en Historias breves (1995), filme fundacional del nuevo cine argentino. En Dos hermanos, reanuda sus constantes narrativas: profundidad con matices de comedia, personajes introspectivos explorados por el primer plano mientras el entorno evoluciona con fatalismo. Un momento onírico es revelador del conflicto interior en el varón. La hermana, en cambio, aparece atada a su apariencia y su angustia nos recuerda a Susan Sontag: «Identificar a la mujer con la belleza es inmovilizarla, el carácter evoluciona, la belleza es una máscara». Un homenaje al Edipo, de Sófocles, hará de contrapunto a este enfrentamiento originado en la infancia al que no le llega la madurez. Comparado con el oscarizado Campanella, divide a los entusiasmados espectadores argentinos en un pequeño dilema sobre cuál de los dos directores habría que elegir. Lo práctico será disfrutar de ambos.

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