16 de octubre de 2010
16.10.2010

La lucha eterna

10.10.2010 | 07:30

Fernando Franco

Marcela es Magaly. La realidad del personaje corre por las venas de la actriz. Es imposible mayor identidad. León de Aranoa reflexiona sobre los desafíos y las decisiones. Atrás se quedan las circunstancias orteguianas. Nos dice Aranoa que se impone la acción y para eso crea a Marcela que sólo puede ser encarnada por Magaly. Amador, anciano postrado, rudo y tierno, lúcido y socarrón, pregunta lo que ya sabe: «¿en tu tierra hay mar?, ¿y hay cielo?» Ambos refrenan sus secretos. Amador, que intuye su marcha inminente, piensa en el hijo que espera Marcela. «Te dejo mi sitio», le dice, y aporta una reflexión como legado: «Detrás de las nubes se esconde Dios para no ver lo que hay.» Amador es más poesía que celuloide. Nos fascina y nos convoca a la determinación. Magaly actriz nació cuando la guerra interna empujaba a millones a partir sin mirar atrás, ella también se ha sentido inmigrante. En su mirada hermosa y silenciosa se percibe la tristeza de un infortunio que dura décadas. A los hermanos de Marcela, Neruda, el poeta infinito, les dedicó unos versos en su Canto General: «Juan Cortapiedras hijo de Wiracocha/ Comefrío/ Piesdescalzos/ Sube a nacer conmigo, hermano.» Aranoa nos habla del destino humano. La lucha eterna. De cómo a la vida no la puede detener la muerte.

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