19 de octubre de 2010
19.10.2010

«Un western social de nuestra época»

Los belgas Delépine y Kervern trasladan a la pantalla la tragedia de la deslocalización y el desempleo en «Louise-Michel»

15.10.2010 | 07:30
Michel y Louise, protagonistas del filme, en primer plano.

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En una pequeña localidad al norte de Francia, las operarias de una empresa textil viven inquietas pensando en el futuro de sus puestos de trabajo. En ese momento, en una reunión en las oficinas de la dirección, se estudia la forma más adecuada de comunicar el inminente cierre de la fábrica y nadie quiere ser el portavoz de la noticia. El presidente impone su autoridad y asigna la responsabilidad a un directivo. El elegido, abrumado por tan ingrata tarea decide ocultar la situación. Se reúne con las angustiadas trabajadoras y les asegura que el futuro es prometedor, que nunca han ido tan bien las cosas y para ser más convincente, se distribuye entre las operarias batas nuevas personalizadas con el bordado de su nombre. Las mujeres se marchan entusiasmadas y esa noche organizan en el bar del pueblo una alegre celebración por tan buena noticia.
Con su última película, Louise-Michel, los directores belgas Benoît Delépine y Gustave Kervern realizan en tono de comedia negra una irreverente denuncia contra las deslocalizaciones. Preestrenada en el Club Diario Levante el pasado miércoles, la película traslada al espectador la tragedia de impensables situaciones límite en un frenético relato lleno de inesperados gags.
Esa misma noche, un administrador visita con urgencia la casa de una empleada, Louise, para reclamarle un porcentaje de su nómina a cambio de su discreción acerca de un secreto de ella. Mientras cobra, le comenta con sarcasmo el sometimiento de las trabajadoras que renuncian a algunas compensaciones laborales. Al día siguiente, al llegar a su trabajo, el personal se encuentra con la fábrica totalmente desmantelada. Alguien, aprovechando la noche y con la complicidad de la dirección, se ha llevado la maquinaria y todas se han quedado sin trabajo.
En una reunión precipitada, las afectadas se enteran de que la empresa piensa dar una pequeña cantidad en concepto de indemnización por despido. Entonces, llevadas por la indignación, deciden por unanimidad juntar sus indemnizaciones para contratar a un sicario, un asesino que ejecute su venganza contra el director de la empresa. Como Louise es una de las promotoras de la idea, será la encargada de encontrar al profesional adecuado. Louise, que no conoce a nadie, asignará el cometido a Michel, un ejecutor improvisado, patoso e incapaz. Hasta el punto que Louise se verá obligada a echarle una mano.

«Los buenos se hacen malos»
Los directores han comentado que «hemos querido realizar un western social de nuestra época, donde los buenos pueden convertirse en los malos y donde los malos son de una nueva especie. Nuestros personajes, añaden Delépine y Kervern, son a la vez extraños y caricaturizables, pero siguen siendo gente de hoy. Louise-Michel es una película que habla de la anarquía. Antes de todo, para nosotros hacer una película es una aventura humana, divertida y enriquecedora. Luego intentamos transformar esta aventura en una película que llegue al público», concluyen los cineastas.

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