Nacho Martín, Castelló

El párroco de la iglesia de la Sagrada Familia, Francisco Pastor, confirmó instantes después del derrumbe de parte del edificio que el ayuntamiento estudiaba «desde antes del verano» la aparición de dos grietas en una esquina de la misma pared afectada.

Esta circunstancia, corroborada anoche mismo por el edil del Bloc Antoni Porcar, había motivado la realización de dos estudios sobre los posibles riesgos y las medidas de reparación necesarias.

Francisco Pastor explicó que el primero de los estudios había sido llevado a cabo por la empresa Facsa (concesionaria del abastecimiento de aguas), dado que la estructura sufría pérdidas de agua. Según precisó Antoni Porcar, el objetivo de dicha prospección había sido el de asegurarse de que las fugas no eran un síntoma de posibles daños en los cimientos.

Posteriormente, el sacerdote de la iglesia explicó que el segundo estudio estaba siendo llevado a cabo por los servicios técnicos municipales. «Las grietas se están estudiando desde antes del verano y, de hecho, tenemos dos estudios documentados sobre ellas, uno de ellos hecho por Facsa. El resto de estudios se estaban realizando por los técnicos municipales».

Por su parte, el portavoz del Bloc Nacionalista Valencià comentó que la iglesia se había derrumbado de forma inesperada. «Ha sido algo inesperado. Se conocían las grietas desde hace tiempo, pero nadie pensaba que por eso iba a caer parte del edificio. Una parte ya estaba apuntalada». A fecha de ayer, la iglesia estaba esperando el proyecto de reparación del ayuntamiento.

El concejal de Urbanismo y portavoz adjunto del Partido Popular en el Ayuntamiento de Castelló, Javier Moliner, manifestó que el primer examen del arquitecto «apunta a que la causa del desprendimiento ha sido la rotura o el mal estado de una de las vigas, lo cual ha provocado una caída por deslizamiento».

Moliner explicó que los servicios municipales iban a proceder a apuntalar inmediatamente una de las paredes que corría el riesgo de sufrir un nuevo desplome. Asimismo, aseguró que las posibles grietas ya existentes no habían sido la causa del derrumbe y aseguró desconocer cualquier tipo de informe municipal sobre la existencia de las mismas. «No, las grietas no tiene nada que ver. Desconozco esos informes».

En el mismo momento en el que Moliner terminaba de ofrecer esta última versión oficial a la prensa (casi a la una de la madrugada), un grupo de vecinos sonrió de forma irónica y formuló una exclamación al unísono. «Cuantas mentiras cuentan estos políticos. El edificio tenía grietas y todos los vecinos lo podíamos ver todos los días al pasar. Cuantas mentiras», exclamó una vecina de la zona de mediana edad acompañada por una joven adolescente.

A partir de primera hora se procederá a la limpieza de escombros y el desmontaje controlado de los trozos de estructura más afectados. Las medidas de seguridad obligaron a desalojar a los vecinos de la calle Jovellanos y a precintar los dos viales afectados.

Según las primeras declaraciones de las autoridades municipales, el resto de edificaciones adyacentes no corrían ningún tipo de peligro. Eso sí, la Policía Local obligó a todas las viviendas de la calle más afectada por el primer derrumbe a cerrar ventanas y persianas.

La iglesia de la Sagrada Familia es una obra arquitectónica de finales del siglo XIX diseñada por el arquitecto Godofredo Ros de Ursinos, el mismo reconocido profesional de la época que se encargó de alzar la iglesia de la Trinidad.

María, de 87 años, arreglaba las plantas de la calle 10 minutos antes

La casualidad quiso que la festividad de Sant Fèlix de Cantalici, precisamente emblema de la iglesia accidentada, no acabara en una inesperada tragedia. Toda la calle adyacente a la iglesia quedó cubierta por una alfombra de escombros de considerable grosor y la buena fortuna (en opinión de algunos «un miracle del nostre senyor») quiso que nadie deambulara por la zona en el momento del violento desplome.

Tres personas fueron quienes más de cerca pudieron ver la tragedia. Dos de ellas se corresponden con una pareja anónima que, según un relato del dueño del bar de enfrente, paseaban al perro por esa misma calle escasos segundos antes del incidente. Las mismas fuentes explicaron que uno de ellos sufrió de refilón el impacto sin consecuencias de un resto de cascote. La tercera persona sí tiene nombre y apellidos. María Caldés tiene 82 años de edad y 15 minutos antes del derrumbe se encontraba arreglando las plantas que ayer mismo se habían colocado en la calle con motivo de la festividad de San Félix. Así lo explicaba mientras contemplaba a los bomberos sentada en la calle sobre una curiosa silla de madera. «Yo estaba arreglando las plantas porque alguien las había quitado del sitio. También había sido la última en salir de la capilla. Me he marchado y estaba rezando cuando he oído el ruido».