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Las ovejas están volviendo a marcar el ritmo por los 250 kilómetros que separan Orihuela del Tremedal y Petrés. Unas 350 cabezas de ganado han tomado la antigua cañada real conocida en Teruel como "la Bajada al reino" , para desandar el camino realizado el pasado mes de mayo en busca de los pastos de la Sierra de Albarracín.

Este viaje de vuelta sigue provocando fascinación y sorpresa allá por donde va, en la mayoría de los casos, ganado adeptos. Al margen de resultar una imagen chocante, los promotores de la iniciativa derrochan una pasión contagiosa que en mayo ya hizo que dos desconocidos se sumaran a la expedición y ahora hayan vuelto a repetir la experiencia. Además, ayer, unas 300 personas del Camp de Morvedre quisieron compartir con ellos una de las etapas y les acompañaron desde Barracas a Caudiel; un acto organizado por la Coordinadora MarxaPeu de la comarca cuya participación superó todas las previsiones.

Este "desembarco" en pleno monte alteró inicialmente la tranquilidad del rebaño pero pronto todo volvió a la normalidad. "Al principio estaba mareadas, pero al empezar a andar ya ha ido bien. Que venga tanta gente joven es una maravilla pues habría que recuperar el pastoreo y la cañada, pero para eso hace falta que se conozca", aseguraba el vecino de Petrés que está al frente del rebaño, Miquel Conejos.

A sus casi 70 años, este ex taxista en Holanda de salud de hierro no dudó en mayo en unirse a un pastor de Almenara, Ximo Eulogio, y asumir el reto de recuperar la trashumancia a Teruel perdida hace 40 años. "Me lo propuso Ximo y enseguida dije que sí. Pedimos ayuda a unos pastores de Orihuela que nos enseñaron la ruta y mi hermano Vicent se animó a acompañarnos con una furgoneta con comida y material. Luego, como nosotros tocamos la guitarra y la bandurria, allá donde vamos acabamos cantando y tocando", relata.

Experiencia que engancha

En este camino donde sin duda "mandan" las ovejas, la expedición ha tenido que dividirse a la fuerza. "Ximo se ha tenido que quedar en Orihuela porque había ovejas de parto o recién vacunadas que así no podían salir. Las traerá más adelante en un camión", explicaba Juanjo Monléon, un empleado de banca que está encantado con la ruta y con el resto de sus compañeros de viaje, Miquel, Vicent y una periodista de 27 años, Elena Rodríguez, que también se sumó al grupo por curiosidad.

Tanto Juanjo como Elena admiten que "la transhumancia es dura, pero engancha". De hecho, la experiencia de mayo les ha abierto los ojos a un mundo que desconocían y ya les ha llevado a otras rutas de este tipo."Es vivir con todo el tiempo por delante, aprendiendo de la tierra, y de pastores que son una academia de sabiduría ancestral", decía Elena. "Es lo mejor para apreciar el ritmo natural de la vida. Algo recomendable, sobre todo, para olvidarte del estrés", añadía su compañero de este viaje tan peculiar donde se mezclan la osadía, las convicciones y la aventura.

Dos septuagenarios, una periodista y un empleado de banca

La trashumancia ha acabado convirtiendo en una gran familia a dos septuagenarios de Petrés, una periodista en paro de 27 años y un empleado de banca de Bonrepòs i Mirambell, de 49 años. Estos dos últimos acabaron uniéndose a la ruta en mayo cuando la conocieron a través de internet. A Elena le mandó un correo una amiga; a Juanjo, la organización Slow Food Valencia a la que pertenece y que ha apoyado en todo momento la iniciativa. Para ambos, es una experiencia única que atrapa, donde la noción del tiempo es distinta y el aprendizaje, constante.