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Cuenta atrás para la primera tirada de Silla

Los propietarios de los puestos del Vedat de Silla ceban los patos para empezar a cazar el sábado

Un grupo de cazadores saca el arroz para los patos.

Un grupo de cazadores saca el arroz para los patos. / abelard comes

marga vázquez silla

Veinte mil euros a cambio de ocho días de caza en el Vedat de Silla. Eso es lo que pagó un aficionado a la cinegética el pasado 9 de octubre en la subasta de los 24 apostaderos, que se volverán a llenar una vez más el próximo sábado día 13, jornada de la primera tirada -la más esperada para los aficionados porque es cuando más cantidad de piezas se cobran- de esta temporada.

Pero, para llegar a ese punto, es necesario preparar antes el terreno: acostumbrar a los ánades que a partir del sábado se convertirán en cotizadas presas a acudir a los puestos desde los que los cazadores intentarán abatirlos a lo largo de ocho jornadas. ¿Cómo conseguirlo? Sencillo: darles de comer.

El ritual se repite desde finales de octubre. Los propietarios de los apostaderos esperan cada martes a que llegue el ocaso para acercarse a sus escondrijos y arrojar arroz a los patos. No hay una cantidad establecida, cada cazador ceba a las aves con los kilos de cereal que quiere, igual que tampoco existe obligación de participar en el ceremonial, aunque parece obvio que, a más comida, más cantidad de ánades y, por tanto, más cacera.

Lo que sí se controla de manera férrea es la calidad de los granos que se arrojan a los arrozales para evitar que estos se llenen de "especies bordes" -malas para cultivar-, explica José María Ríos, jefe de los guardas del Vedat de Silla. "Tomamos muestras de cada bolsa -detalla- porque si entrase arroz borde, sería un desastre para los agricultores".

"Son animales muy inteligentes"

Las aves acuden sin problema al señuelo de la comida fácil, lo que parece garantizar la cacera; sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los patos se caracterizan por ser "animales inteligentes que no tropiezan dos veces en la misma piedra", asegura Ríos. Tanto es así que, año tras año, lo que cae "son las aves jóvenes, las que no saben cómo funciona el tema".

Los ánades más longevos, curtidos ya en otras temporadas de caza, parecen saberse al dedillo la obra que se representa cada sábado a partir del próximo. "En cuanto oyen tiros -describe el jefe de los guardas-, los patos se van volando a l'Albufera porque saben que allí no los cazan". De hecho, asevera que las aves no regresan hasta que al anochecer de cada día de tirada lanza el cohete que marca el fin de la jornada cinegética.

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