30 de enero de 2011
30.01.2011

Treinta años del secuestro de Luis Suñer

30.01.2011 | 01:00
Suñer en el balcón de su casa en Alzira tras ser liberado por ETA en abril de 1981.

Un rapto que se convirtió en cuestión de Estado. La pujanza de sus negocios puso al alcireño Luis Suñer en el centro de la diana de ETA. Su secuestro, el primero fuera del País Vasco, fue uno de los más mediáticos de aquellos convulsos años. El Gobierno de Suárez, que vivía sus horas más angustiosas, convirtió el cautiverio de Suñer en un problema de Estado.

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El fisco español fue, sin duda, el gran delator. La de Luis Suñer Sanchis era en 1980 una de las principales fortunas de España y el gobierno de UCD lo aireó ese año con un listado de los empresarios que mayores beneficios habían obtenido durante aquel ejercicio. El fundador de Avidesa, al mando de su imperio industrial, figuraba en los primeros puestos. Aquello no debió pasar desapercibido para la banda terrorista ETA, quien decidió secuestrarlo un año después para intentar lucrarse de la pujanza económica del alcireño. El de Luis Suñer sería para la historia el primer secuestro que la banda terrorista realizó fuera del País Vasco a una personalidad ajena al mundo de la política.
El suceso, del que acaban de cumplirse 30 años, mantuvo en vilo durante tres meses a toda Alzira y puso en jaque al, por entonces, ya moribundo gobierno de Adolfo Suárez, que convirtió el secuestro de Suñer en un asunto de Estado. El ministro de Interior, Juan José Rosón, a petición directa del propio Suárez, movilizó un importante número de fuerzas de seguridad del Estado que tomaron las principales ciudades de Valencia en busca de su paradero, pero no lograron encontrarle.
El rapto coincidió con el desmoronamiento de UCD y Suárez anunció su dimisión tan sólo 15 días después de que los terroristas entraran en la sede de Avidesa. Suñer, capturado el 13 de enero, fue ajeno a todos los acontecimientos que se sucedieron después: la marcha de Suárez y también el golpe de Estado que se fraguaba en los cuarteles y que culminó con la entrada de Tejero en el Congreso apenas unas semanas más tarde. El industrial ribereño, que ya tenía por entonces 70 años, permaneció incomunicado durante tres meses sin advertir que su secuestro aventuraba el principio del fin del Gobierno ni que su captura se convertiría también con el paso del tiempo en el ocaso de su imperio económico.

Arrancaron los teléfonos
Siete terroristas -cinco hombres y dos mujeres- irrumpieron aquel martes 13 de enero de 1981 a última hora de la tarde en el despacho de la factoría número 3 de Avidesa desde el que Suñer dirigía sus negocios. Arrancaron los teléfonos y se llevaron al empresario. Poco más se supo de los pormenores de su cautivero y de su posterior puesta en libertad.
Su mano derecha, José Palacios, que ayer atendió la llamada de Levante-EMV, se convirtió en el portavoz de la familia durante los meses de cautiverio. Palacios prefirió no dar detalles de cómo se produjo la liberación porque eso, según dijo, compete a la familia del empresario, que suele mostrarse reacia a recordar aquel suceso. Palacios estaba presente en el momento del secuestro del industrial y los terroristas lo maniataron junto a otros trabajadores.

Liberado noventa días después
Finalmente, Suñer fue liberado el 13 de abril, cuando se cumplían justo tres meses de su secuestro. Los terroristas lo dejaron en libertad en Alberite, un pueblo situado a ocho kilómetros de Logroño.
El año pasado, con motivo del centenario del nacimiento del industrial alcireño, la edición de un libro permitió desvelar algunos de los secretos del rescate del industrial que aún no se conocían.
La banda exigió 600 millones de pesetas, pero finalmente la familia abonó 325 que salieron de la sede central del Banco de España en Madrid. Eran billetes de pequeñas cantidades que estaban marcados para que la Policía pudiera seguir su rastro. Fueron introducidos en una bolsa y lanzados desde un tren nocturno de largo recorrido en un lugar pactado con los terroristas.
El libro editado con motivo del centenario del nacimiento de Suñer también pone en evidencia que los sucesos políticos de aquellos meses complicaron aún más la liberación del industrial. La dimisión de Suárez y el 23-F dificultaron sobremanera la negociación con la banda. En la mediación participó el diputado vasco Juan Maria Bandrés, un activo defensor de los derechos humanos y cuya intervención resultó clave en varios secuestros de la banda.
La mañana del 14 de enero, Suñer llegó a Alzira en un automóvil de la Guardia Civil. Su ciudad natal, que se había movilizado semanas atrás en manifestación por su liberación, lo aclamó.
Aseguran quienes lo conocieron que ya no era el mismo. Un año después, la rotura de la presa de Tous, supuso otro golpe definitivo. Suñer falleció nueve años después, en agosto de 1990.

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