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Si en realidad existe algún sueco de Sueca, ese es Vicent Soler Serrano. A sus 72 años acaba de publicar unas memorias en las que cuenta su niñez y juventud en su ciudad natal y las razones que le llevaron a Estocolmo (Suecia) donde todavía reside, una vez jubilado. "Cuando terminé el servicio militar regresé a Suecia para quedarme con mi sueca", explica. De ahí, el título del libro, "Entre Sueca i sueca. Report d'un emigrant".

La aventura había comenzado en 1961 en una gira de la tuna de la Facultad de Derecho. La turné comenzó en Aviñón (Francia) donde, Vicent y su primo Álvaro, se separaron del resto de compañeros que pretendían dirigirse a París. Viajaron por Suiza y Alemania hasta llegar a Copenhague (Dinamarca) y Estocolmo (Suecia). En el tren surgió el flechazo que ya dura más de medio siglo. Tenía 21 años cuando conoció a Gunilla, de 16, a quien define en el volumen como un "angelito" con "una carita que encajaba entre Grace Kelly y Sofía Loren, de piernas largas que parecían no tener fin y el cabello rubio y largo hasta la cintura".

En la presentación, en la Llibreria Sant Pere, le acompañaron algunos protagonistas del libro, como el guitarrista Paco Carbonell, que llegó a ser decano del Conservatorio Popular de Ginebra, y Pepe Blasco, que junto a Vicent y Salvador Olmos, formaron el conjunto "Los Extraños". En su viaje como tuno, a base de pasar la gorra, tocó la guitarra ante Andréi Gromyko, cuando era ministro de Exteriores de la Unión Soviética. "Fue en 1961, en el Hotel du Rhône, en Ginebra, y uno de sus ayudantes nos dio una propina", cuenta.

El autor abunda en detalles como su vida en una sociedad, la sueca, radicalmente distinta de la suecana de los años 60. "La impresión que me llevé es la de que todo funcionaba". Confiesa que le encantó porque, entre otros detalles, "me impresionaba el orden, la seriedad de la gente, que los trenes salieran puntuales".

Su primer trabajo fue en una fábrica de calzado. Con el tiempo, y la perfección del idioma, encontró mejores empleos relacionados siempre con el sector de la alimentación, hasta llegar a ser jefe de un supermercado en unos grandes almacenes. El autor publica sus memorias en valenciano que le parece "una lengua fenomenal" e incluso hizo un cursillo de catalán en Estocolmo.