De pequeño, mi madre por Sant Miquel me llevaba a Llíria. Subíamos al Monasterio, bajábamos a san Vicente y acabábamos en Benisanó ante la Virgen del Fundamento. El recorrido lo hacíamos a pie. A ella le iba bien para su salud este periplo, especialmente consideraba milagrosas para su hígado las aguas del pozo de Benisanó, que había que beberlas comiendo un buen trozo de carne asada, tras la pertinente oración del cura.

A San Miguel suben los peregrinos a cientos en los días de su feria. El Monasterio está lleno de ex votos y promesas. Está sobre una pequeña loma, donde antes, en épocas ibérica y romana, ya se adoraba a la deidad en un templo que luego fue mezquita con los musulmanes e iglesia cristiana tras la Reconquista. Todos los lugares de culto a sus dioses de los pueblos que habitaron o colonizaron estas tierras acabaron siendo templos cristianos. Uno da una patada en Llíria o sus alrededores y encuentra todo tipo de vestigios arqueológicos.

Llíria es el solar de nuestra lengua valenciana, pues allí se desarrolló la lengua ibérica hablada por las tribus edetanas. Conservamos en nuestra habla palabras y probablemente fonéticas de aquellas gentes que asentadas en sus llanos y promontorios desparramaron por el territorio patrio su cultura.

Está documentado que allí fundó Jaime II, en 1326 un Monasterio dedicado al Arcángel San Miguel. Con los romanos Llíria era Lauro, con los árabes se llamó Leria, con los cristianos Lliria. Felipe V catalogó el pueblo y sus tierras como Ducado e hizo Duque a Berwick en pago a los servicios prestados en la Guerra de Sucesión.

La Iglesia más antigua del casco urbano -y tal vez de toda la región valenciana- está intitulada de la Sangre, era la sede de la Parroquia, construida en el siglo XIII. En 1404 fue reformada la Iglesia de san Miguel y de 1774 es su actual fábrica. Más tarde, en 1571 sería alzado el ermitorio de san Vicente Ferrer sobre anterior capilla de la Virgen de la Fuente, en recuerdo del famoso milagro que acabó con la sequía en la zona en 1410.

Sant Miquel en Llíria arrolla por donde pasa, ningún santo le hace sombra en Llíria. La primera imagen que ocupó el Monasterio del popular arcángel fue datada en el siglo XV y atribuida a los mismos autores que labraron la imagen de la Virgen de los Desamparados de Valencia, que, como se sabe, «la feren els angels», luego cabe predicar la misma leyenda del Sant Miquel que cuidaron las religiosas de la Visitación que ocupaban el recinto convertido en casa beaterio.

Las fiestas se prolongan hasta el 30 de septiembre. Son fiestas religiosas y culturales, musicales, a cargo de las dos grandes bandas Unión y Primitiva, y una feria de productos agroalimentarios. Los días centrales son el 28 la «baixà» de Sant Miquel, 29 la procesión general y el 30 la «pujà» de nuevo a su Monasterio.