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Marina Alta

Música, emigración y grandes teatros olvidados

La familia de El Verger López Cabrera representa mejor que ninguna otra la tradición musical de la Marina Alta

a. p. f. | el verger

Con la música a otra parte. Eso debieron pensar los tres hermanos López Cabrera cuando hicieron las maletas y, cada uno por su lado, se marcharon a América. Dejaban atrás un pueblo agrícola como El Verger. Pero, al contrario que los cientos de emigrantes de la Marina Alta que a principio del siglo XX cruzaron el charco porque aquí se morían de hambre, ellos no escapaban de la miseria, sino que buscaban hacer fortuna en la música. De hecho, aquí, en el Verger, su padre, Vicent López Carrió demostraba, además de una gran pasión por la música, un buen ojo para el negocio de la cultura y el espectáculo. Su oficio era el de mestre d´aixa, pero fue músico autodidacta y fundó la banda de El Verger. También abrió el casino y, en 1920, el primer teatro López Cabrera. Allí los vecinos descubrieron el cine, entonces mudo. Los hermanos, todos pianistas, tocaban el harmonium en esas sesiones.

La historia de esta familia sale ahora a la luz. La Colla l´Esclat celebra su décimo aniversario. Ha decidido que la efeméride sirva para recuperar la memoria de una familia que representa mejor que ninguna otra la tradición musical de la Marina Alta. El próximo viernes se inaugura en la Casa de Cultura de El Verger una exposición fotográfica, que incluye también las partituras de composiciones realizadas por los López Cabrera. El sábado y el domingo la Colla, en colaboración con Punt de Ganxo Teatre, representará Ningú sap on va si no sap d´on ve, una obra musicada que narra la historia de la familia. El proyecto lo ha dirigido Pasqual Salort Aguilar, que es director de la Colla l´Esclat y licenciado en historia y ciencias de la música.

Vicent López Carrió, el patriarca o ti Vicent, como se le conocía en el pueblo, iba a pie a Oliva para aprender solfeo. A ratos caminaba descalzo para no desgastar los zapatos. Fundó la primera banda de El Verger y, como director y maestro, enseñó música a los jóvenes de entonces (principios del XX). Hizo aprender música a sus cuatro hijos. En esto fue inflexible. Sus dos hijas también mostraron dotes artísticas. María actuaba en las representaciones teatrales y en las obras de zarzuela y Pura siguió los pasos de su madre, Mari Pepa Cabrera Rodríguez, y cantó en la iglesia. El padre destapó el empresario que llevaba dentro. Puso en marcha el casino y el cine. Pero tres de sus hijos, ya como músicos profesionales, rompieron amarras. El Verger se les quedaba pequeño. Emigraron a América.

Macià se fue a Argentina y sólo volvió a El Verger una vez, en 1931. En Buenos Aires dirigió una orquesta y fue el pianista del famoso teatro Avenida, donde coincidió con el tenor también vergerí Fernando Bañó. Macià compuso operetas como La prosa de la vida, Flor de arrabal, Por una insignificancia. Adquirió fama. Tiene una entrada en la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana como músico, director de orquesta y autor de representaciones líricas.

Pero su hermano Pepe era más artista. Se marchó a Nueva York en 1920. Pero las cosas no le salieron como esperaba y regresó a Valencia, donde actuó en el famoso Gran Café Colón con la orquesta Agrupación Vergel. En Málaga, tocó el piano ante Alfonso XIII en el hotel Príncipe de Asturias. Pepe murió en 1929. Tenía 28 años y una prometedora carrera musical por delante.

Antonio, el hermano pequeño, sí siguió los pasos de su padre. Se hizo carpintero y pianista. Se encargó del cine López Cabrera y ayudó a su padre en las clases de solfeo e instrumento de los nuevos músicos de la banda. Dirigió las zarzuelas que se representaron en El Verger. Era un género muy en boga. Y también montó la ópera La Generala, que logró un gran éxito.

El cine López Cabrera fue mucho más que una sala de proyecciones. Fue teatro y foco comarcal de cultura. Lamentablemente, el ayuntamiento lo demolió hace unos años. Su memoria, al igual que la de la familia que lo puso en marcha, sigue viva.

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