16 de septiembre de 2018
16.09.2018

El ontinyentino adoptivo que sobrevivió a Obiang

Tras pasar medio año en prisión, Esono rehace su vida después de haber veraneado en la capital de la Vall d'Albaida y perfilar su lista de proyectos

15.09.2018 | 21:16
Esono, al centro, junto a su esposa, Eloísa Vaello, y el autor de este reportaje. En la imagen pequeña, con su esposa y su hija.

Censura y cárcel. Hace un año, el caso de Ramón Esono saltó a los medios. Este dibujante ecuatoguineano casado en Ontinyent con Eloísa Vaello era encarcelado en su país, adonde había ido tan sólo para renovar el pasaporte. En sus dibujos había caricaturizado a Obiang. Y ya se sabe que los dictadores no tienen sentido del humor.

En la terraza de un bar de la céntrica calle Gomis, Ramón Esono, considerado el mejor dibujante de cómics de África y cónyuge de la ontinyentina Eloísa Vaello, explican sus peripecias ante un par de cervezas artesanas. Nadie diría, viéndole sonreír tan desinhibido que, hasta hace unos pocos meses, vivió en un infierno llamado Playa Negra (Black Beach, en Malabo, una cárcel estatal). Allí fue a parar por su activismo contra la dictadura imperante en Guinea Ecuatorial. Fue cazado aprovechando la trampa que le tendieron, al obligarle a pisar el país, del que ya hace años que se despidió, si quería renovar el pasaporte. Fue un tiempo incomprensible de cárcel que rememora para Levante-EMV por primera vez para un medio. De su rechazo al régimen da buena cuenta una caja con más de 400 dibujos que realizó contra el dictador, el presidente Teodoro Obiang.

Hace hoy justo un año, comenzó el calvario. Aprovechando su estancia (obligatoria) en el país, tenía pensado visitar a su familia y darle algo de dinero. Esos billetes interceptados en su automóvil fueron la excusa para acusarle de blanqueo de dinero y encarcelarle preventivamente. Pero en el fondo, lo que el gobierno quería era echar el guante el mordaz creador que llevaba tiempo caricaturizando a Obiang. Su estancia entre rejas duró casi medio año. Y aún tuvo que permanecer en Guinea cuatro meses, hasta que le entregaron el pasaporte. Un final feliz gracias, sentencia, «a la presión de toda clase de organizaciones mundiales en pro de mi libertad como Reporteros Sin Fronteras, Human Rights Watch... También gracias el Ayuntamiento de Ontinyent», añade.

Hace un año, al haberle caducado su pasaporte y no querer renovárselo en el consulado guineano en España con explicaciones poco convincentes, decide arriesgarse y viaja a su país. «Yo tenía claro que debía ir, pero mis hermanas no querían que fuera» sabedoras del peligro que corría. Fue finalmente. «Me encerraron y lo del blanqueo se lo inventaron para ganar tiempo ante toda clase de presiones internacionales. Tras meses de gestiones al más alto nivel y gracias a una repentina falta de cargos, el tribunal dictaminaron su libre absolución. Ramón y Eloísa, a los que casó en Ontinyent el hoy alcalde Jorge Rodríguez cuando era concejal, se abrazaron por fin este verano. Acaban de concluir su estancia en la capital de la Vall d'Albaida. Y ella se marcha a El Salvador, al Centro Cultural de España, donde trabaja.

Desde que llegó, las ofertas de trabajo no cesan para Esono. No obstante, está viviendo la situación de un sin papeles. Y es que pese a estar casado con una española y tener una hija con la nacionalidad, dado que su mujer reside y trabaja en el extranjero, ha de superar muchas trabas. Es un embrollo burocrático que a Ramón le dificulta, por ejemplo, poder darse de alta como autónomo o hacer facturas para cobrar su trabajo.

De toda su epopeya como víctima de la falta de libertad de expresión, Esono destaca «el apoyo internacional de la prensa» y el papel ejercido por su esposa. El dibujante dice que ha regresado con dos proyectos bajo el brazo. Uno consta de los dibujos que realizó en la cárcel, en cartones (mayormente de cajas de zapatos) que diligente y solidariamente le suministraban los reclusos. El otro tiene que ver con la edición cuidada que va realizarse en Francia y España de su polémico comic, La pesadilla de Obiang. De Guinea, asegura que «el país es un negocio familiar que hay que desmantelar. Para ellos, la libertad de expresión es una cosa de Europa; la democracia la tachan como una cosa de occidente, la homosexualidad aseguran que la trajeron los blancos», explica. «El régimen de Obiang „continúa„ crea conflictos para así justificar las barbaridades que hace».

De la cárcel recuerda que había unos 700 presos. «Cuando entré ya conocía al menos a 20; que si un primo, que si alguien con el que jugué al futbol...». «La vida allí es como en las películas: hay hacinamiento, mafias. Mi estancia en Playa Negra se reflejará en futuros cómics. Esa cárcel algún día hay que cerrarla y ponerle un cero en el cómputo de los derechos humanos. Hay que visibilizar esa cárcel a nivel internacional», pide.

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