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Ahillas

El pueblo al que se mudaron los artistas

El escultor Paco Sainz es el único vecino fijo que queda en la localidad, donde mantiene su taller y residencia - No hay cobertura ni internet y convive con dos vecinos más

El pueblo al que se mudaron los artistas

El pueblo al que se mudaron los artistas

Google Maps no tiene muy claro cómo llegar hasta Ahillas. La opción prioritaria es atravesando la Serranía por Villar del Arzobispo, con 28,5 kilómetros por delante. La ruta natural desde Chelva, como pedanía que es, no aparece en las opciones, y el navegador envía al turista hasta Titaguas para volver a subir a Ahíllas: 47 kilómetros. Los 12 que van desde la capital serrana hasta su pedanía, atravesando el pico Remedios, no es opción para el gigantede Sillicon Valley. La ruta no existe, pero está.

El valle de Ahillas es tierra de artistas. Es la descripción más significativa que puede darse de esta aldea, abandonada en los años 80 excepto por algunos vecinos que mantienen allí su residencia vacacional. Vieron cómo en los 90 algunos pintores y escultores encontraron un refugio desde donde crear. Solo uno queda hoy: el escultor Paco Sainz, originario de Portugalete (Vizcaia) aunque valenciano de adopción. «Ya no me queda mucho tiempo aquí», reconoce. «Comienzo a hacerme mayor y aquí no hay médico ni transporte», lamenta. Bienvenidos a la España vaciada.

Cuando Sainz llegó a Ahíllas, todavía residía el señor Manolo. «No aguantarás tres meses aquí», le dijo. Cuando los 90 días pasaron, le advirtió: «Yo un día me iré, pero tu te quedarás». El señor Manolo atinó y Sainz vive en este lugar acompañado por el silencio de la naturaleza, si acaso es un silencio, junto a gatos y zorros a los que alimenta. «Son muchas horas con uno mismo, pero un artista siempre está trabajando en su cabeza. No me aburro jamás», reconoce. La sabina, el mármol y el bronce hacen el papel de la televisión, el teléfono y la conexión a Internet, tres recursos muy limitados. Aquí la línea no llega si no es gracias a una empresa que instala la conexión en entornos rurales. Sin embargo, la contribución al Ayuntamiento de Chelva ha pasado de 70 euros a 300 en unos pocos años.

Las circunstancias no son las favorables para vivir en este lugar, pero todo va de prioridades: «No encontraba en València ningún lugar donde montar mi taller, y en el periódico El Trajín encontré esta casa que se vendía». Desde entonces dispone de un espacio interior y todo el exterior del que quiera disponer, pues los vecinos no son un impedimento. Su ejemplo lo siguieron una veintena de artistas más, conquistados por la vida sencilla. Algunos llegaron por él, pero otros, simplemente aparecieron. «Hemos llegado a convivir diez nacionalidades: italianos, americanos, cubanos, holandeses...». Entre ellos, sus amigos franceses Jean-Guy Lattraye y Sylvie Fournier, escultor y pintora respectivamente. La pintora inglesa Lynda Haldane o los escoceses Stewart Lowe y Rachel McClure, que todavía vuelven cada primavera. La pintora Concha Sanjuan, el fotógrafo Vicente Ros, la profesora de la Universidad de Florida Terri Lindbloom o el arquitecto Miguel Navarro Faus fueron otros vecinos.

Todo eso terminó. La crisis económica acabó con muchas aspiraciones y todos acabaron por recoger su material. Algunos lo hicieron para dedicarse a un oficio con ingreso seguro, como Sylvie. «Se marchó porque le ofrecieron trabajar en un instituto del sur de Francia y encontró la estabilidad», explica Sainz, quien todavía hoy vive de sus obras.

Hoy Paco convive, si coinciden durante el día, con Joan Garcia. Dejó sus empleos temporales en los medios de comunicación por la tranquilidad de vivir aquí. Trabaja de lo que sea, desde podando viñas hasta en las brigadas lo que sale, lo coge para pagar el alquiler, su manutención y la de su perra, Mota.

Hay un habitante (parcial) más. Juanjo Martínez es propietario con su hermana, Casandra, de Terra d'Art, una bodega de vinos artesanales que abrió hace ocho años. Vinos tintos, blancos, rosados y experimentales son producidos en esta finca del valle y las catas que organizan cada fin de semana han devuelto, en parte, la vida al pueblo que un día fue de los artistas.

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