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Coronavirus en Valencia

Geles caseros y aislamiento en el interior

Los vecinos se hacen sus propios jabones hidroalcohólicos, el abastecimiento de alimentos no es diario y aunque el papel higiénico no llega «aquí no hay psicosis» - La «conciencia de comunidad» prima en las comarcas con poca gente

Geles caseros y aislamiento en el interior

No siempre tiene ventajas, pero vivir en un pueblo, en estos momentos, no parece una mala idea. El confinamiento en las comarcas del interior valenciano no dista mucho de un día normal: los pocos residentes que quedan solo salen a hacer la compra, a la farmacia y de vuelta a casa. Si acaso, se acabaron los cafés en el bar; pocos sacrificios más. De hecho, todos los responsables municipales con los que ha contactado Levante-EMV destacan la responsabilidad y el civismo de Aras de los Olmos, Ademuz, Alcublas y Macastre.

Aunque el Covid-19 no ha llegado todavía a estas zonas, todos cumplen a rajatabla las indicaciones gubernamentales. Algunas con dificultad, pues el desabastecimiento de geles hidroalcohólicos, mascarillas y guantes de látex no es una problemática urbana. Lo es también rural. Por eso, en Aras de los Olmos, los vecinos han puesto en común algunos productos con los que fabricar geles desinfectantes: glicerina, alcohol y una pequeña dosis de lejía en algunos casos. En otros sobra con el cloro del agua.

En cuanto a las mascarillas, también agotadas, el equipo médico ha repartido a los trabajadores municipales las que tenía y se han distribuido también las de los operarios que utilizaban contra el polvo o la pintura.

Así lo explica la teniente alcalde, Salomé Castro, quien da parte de la situación del municipio serrano. «Consumimos responsablemente y no hay problemas de abastecimiento ni psicosis», señala, y asegura que la situación se está llevando con «normalidad». «Tal vez se ha comprado un poco más de lo habitual, pero no mucho», dice.

«La conciencia de comunidad afloró antes aquí y la atención a los más vulnerables, como los mayores, es mucho más personalizada», explica la teniente alcalde.

En este mismo sentido se explica Blanca Pastor, alcaldesa de Alcublas. Cree que el beneficio de estar en un momento así en un pueblo serrano es precisamente la baja densidad demográfica. «Algunos mayores necesitan salir de casa y los que lo hacen, aunque sea a la puerta, nunca se encuentran con nadie», señala. La otra cara de la moneda son las terribles consecuencias que tendría un caso de coronavirus allí. La edad media es muy alta y los servicios médicos escasos para frenar la pandemia. Como dato, solo hay una ambulancia que da servicio a toda la comarca de los Serranos.

En Alcublas hay un pequeño supermercado que gestiona la cooperativa. Allí, aunque no ha habido un problema de desabastecimiento como los que se han visto en València, sí que se han encontrado con la carencia de algunos productos básicos como el papel higiénico. «No se lo han llevado los del pueblo, sino los que vinieron este fin de semana de visita», asegura. Los residentes han tenido que esperar desde el sábado hasta ayer, que reponían los productos, para poder comprar el papel.

En Ademuz, la Agente de Desarrollo Local, Éncar Moya, sí que percibió cierto nerviosismo en el supermercado y está segura de que la influencia de la televisión y las redes sociales está detrás. Protección civil intervino para asegurar la distancia entre los usuarios pero tampoco aquí ha habido problemas de escasez de alimentos, pese a que de este supermercado se nutre toda la comarca. Recuerda que de manera intrínseca, en estos pueblos del Rincón los habitantes siempre tienen cierto acopio en sus despensas que deriva de las inclemencias meteorológicas que en ocasiones les impiden desplazarse a hacer la compra. «Nosotros ya estábamos aislados por la orografía del territorio», señala Moya. Tampoco aquí quedan geles ni mascarillas, pero pese a todo, asegura que «somos los más privilegiados de todos; somos 6 habitantes por kilómetro cuadrado».

El tienda local, beneficiada

En Macastre, su alcalde Vicente Montó asegura que son los comercios de proximidad los que más beneficiados salen de esta crisis al estar saturadas las superficies comerciales. A los más mayores no les ha cambiado la rutina porque ya compraban sus alimentos en las tiendas cercanas. La responsabilidad de los habitantes ha dejado un pueblo con calles «vacías» y el consistorio se está esforzando en desmentir bulos y rumores que corren como la pólvora.

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