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Ente

Valldigna: el resurgir de la Mancomunitat

A través del ente Simat, Benifairó y Barx, quieren elaborar un proyecto de recogida de residuos y un plan de movilidad urbana

Una de las actuaciones programadas por la Mancomunitat en el monasterio.

Una de las actuaciones programadas por la Mancomunitat en el monasterio. levante-emv

Hace unos meses, la Generalitat y más concretamente la Conselleria de Cultura, cedía, en un gesto sin precedentes, a la Mancomunitat de Municipis de la Valldigna, formada por Simat, Benifairó y Barx, la gestión de los actos culturales que se celebren en el Monestir de Santa Maria de la Valldigna. Es la primera vez que los pueblos del entorno del cenobio tienen cierto poder de decisión sobre lo que ocurre en el interior de la instalación que habitaron los frailes cistercienses hasta 1835.

Esta medida supone la culminación de un trabajo de dos años y medio por parte de los alcaldes y concejales de los tres municipios tratar de hacer de la Mancomunitat de la Valldigna un ente con sentido, que preste el servicio que los tres pueblos necesitan. Y son tres porque, a pesar que la Valldigna está formada por cuatro localidades, Tavernes decidió salirse en su día al considerar que no le aportaba nada formar parte de él en relación al dinero que aportaba (200.000 euros).

Y ese fue, precisamente, el punto de inflexión de la nueva Mancomunitat. La marcha del municipio más grande de la Valldigna, que era a su vez el que más dinero invertía, lejos de suponer un trauma, como se pensaba, fue tomada por el resto de localidades, mucho más pequeñas, como una oportunidad. La última, eso sí, porque, de no salir bien, la entidad habría estado abocada a la desaparición.

Así, piedra a piedra y con mucho trabajo, Valldigna es hoy una entidad con una estructura consolidada, una plantilla de trabajadores amplia y efectiva, capaz de lograr importantes subvenciones, ofrecer servicios de calidad a los municipios y vertebrar el concepto Valldigna entorno a los vecinos y vecinas de los tres municipios mediante el monasterio. «Hay que agradecer mucho el trabajo que hizo Vicent Ribera, el anterior presidente, que se dejó la piel y se llevó muchos disgustos para mantener a flote la Mancomunitat», explicaba el actual presidente y alcalde de Benifairó, Josep Antoni Alberola.

Simat, Barx y Benifairó tienen presupuestos muy modestos, por lo que igualmente escasa es la aportación que hacen a la entidad. «Tenemos un presupuesto mucho menor del que había cuando estaba Tavernes pero ahora le sacamos más rendimiento», explica Alberola.

Actualmente, en el seno de la Mancomunitat de la Valldigna trabaja una plantilla entorno a las 11 personas, cuando nunca antes había habido más de dos. Algunas de ellas son fijas, como el secretario, la interventora, el administrativo y el archivero, que, por cierto, ha supuesto un gran avance para los tres municipios que no disponían de este servicio, como destaca Alberola.

Además, en el ente, contratados a través de planes de empleo como EMCUJU o EMPUJU también dispone de una Trabajadora Social (Tasoc), un técnico en juventud, una brigada forestal formada por tres personas, un fisioterapeuta que atiende a domicilio a las personas mayores y una licenciada en bellas artes que se encargada del diseño de cartelería y demás cuestiones de este tipo y otros tres administrativos.

Se logran subvenciones porque «es más fácil coordinarnos ahora» y poner en marcha servicios entre los tres pueblos, que son más o menos del mismo tamaño.

En ese tiempo, los municipios han logrado avances importantes como la adquisición de tres trituradoras para los restos de poda y tres grúas destinadas a trabajos en altura de los operarios municipales, un servicio «en el que nos gastábamos mucho dinero antes», indicaba el presidente. Pero no solo eso, los actuales gestores de la Mancomunitat pretenden que el ente aglutine también servicios.

«Ahora estamos trabajando la licitación conjunta para la recogida de residuos», explica Josep Antoni Alberola. La idea es también elaborar en el futuro un plan de movilidad urbana para cada municipio pero también uno de la Mancomunitat, que incluya los caminos que comparte cada término municipal. «Si lo hacemos individualmente nos sale más caro. Si lo elaboramos de forma conjunta abaratamos los costes», indica el presidente.

Hace unos años, esto era impensable. En parte, porque la diferencia de tamaño entre Tavernes y el resto de municipios era muy grande. «Había servicios que podíamos poner en marcha en la Mancomunitat pero Tavernes ya lo hacía individualmente porque tenía capacidad de hacerlo pero nosotros no podíamos».

Pero además porque la entidad no se concibió bien desde el principio, ya que nunca fue un instrumento real para la prestación de servicios de los que se beneficiaran los pueblos. «Solo se dedicaba a otorgar subvenciones, básicamente a asociaciones de Tavernes», recalca el actual presidente. También «se gastó mucho dinero en acciones de promoción turística pero nunca se evaluó si tenía un retorno real esa inversión».

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