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Los vecinos esenciales de Torres-Torres

La pandemia ha revelado la importancia de algunas profesiones en los pequeños municipios

Los vecinos esenciales de Torres-Torres

Los vecinos esenciales de Torres-Torres

Los esenciales de Torres Torres son apenas media docena de personas que han estado en permanente contacto desde el minuto uno del estado de alarma para atender a los vecinos. Mari Ángeles, la farmacéutica; Alejandro, el panadero; Miguel, de los ultramarinos Autoservicio Torres-Torres; Vicente, el estanquero; José de Serviagro, Mari, gerente de la casa rural Puja al Castell y la alcaldesa, Amparo Bolós.

«Hemos trabajado unidos», destaca la alcaldesa. «El ayuntamiento ha colaborado en todo lo que nos han pedido, como la recogida de alimentos para familias necesitadas y cumpliendo siempre los protocolos y las indicaciones de las autoridades», añadía.

Miguel regenta desde hace seis años el único autoservicio del municipio, un histórico ultramarinos con más de dos décadas de historia y con clientes de toda la vida. «Los primeros días de la alarma hubo temor a la escasez, hecho que por fortuna nunca se dio en Torres-Torres. Si las primeras semanas el papel higiénico era lo más demandado, con el paso de los días, dio paso a los desinfectantes».

La única farmacia está a cargo de su titular, Mari Ángeles. Una botica con más 40 años de antigüedad. La farmacéutica señala que «los primeros días del confinamiento fueron una locura, ahora afortunadamente ya hay suficientes protectores; hay mascarillas y la normalidad se ha instalado».

Alejandro, acompañado por su mujer, está al frente del horno tradicional que durante las primeras semanas fue un servicio esencial. «Al principio -afirma-, había miedo y preocupación y la gente hacía acopio de pan; luego con el paso de los días, a medida que se rebajaba el confinamiento, la harina y la levadura fue muy demanda».

Para Vicente, el estanquero, que además de tabaco vende conservas, estos productos fueron básicos en las primeras semanas.

Negocios que florecen

Por su parte José, de Serviagro, establecimiento del municipio que ofrece servicios agrícolas y de floristería, se puso desde el primer momento a disposición del ayuntamiento para las tareas de desinfección y limpieza del municipio. «Ahora con el desconfinamiento -señala José-, el negocio de la floristería ha florecido porque la gente se ha aficionado al bricolaje».

Mari Navarro es la gerente de la casa rural Puja al Castell enclavada en un paraje con vistas a los pueblos de La Baronia. Perteneciente a una saga familiar dedicada a la hostelería y el turismo -su hermano regenta el restaurante Torres-Torres-, Mari señala que con la vuelta a la normalidad la casa rural se va llenando los fines de semana. «Nuestro perfil son parejas que buscan desconectar y aquí encuentran un espacio de tranquilidad. Ahora confiamos en que se recupere la actividad en los meses de julio y agosto».

A la espera de recuperar la normalidad, la alcaldesa tiene la esperanza de «si las circunstancias y las autoridades sanitarias lo permiten», poder celebrar su fiesta grande el día 8 de septiembre, «el dia de les Comunions». Mientras llega esa fecha, Torres-Torres recupera el ritmo como el pueblo tranquilo y apacible que siempre ha sido.

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