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"El aprendizaje musical debía empezar por instrumentos antiguos"

Un musicólogo de Quartell defiende cambiar el sistema educativo de los conservatorios para facilitar la enseñanza y fortalecer la expresión

Joan Calabuig, con un clarinete actual y su predecesor, un «chalumeau». | DANIEL TORTAJADA

Joan Calabuig, con un clarinete actual y su predecesor, un «chalumeau». | DANIEL TORTAJADA

La enseñanza musical no puede obviar la importancia de la emoción, de una interpretación libre de exigencias innecesarias. Pero en el día abundan las técnicas reiterativas, la tensión de determinadas partes del cuerpo o exigencias físicas impropias de la fisiología y la probable pérdida de motivación que ello genera. Consciente de esto y de que un músico profesional pasa más de diez años en su itinerario formativo, el músico de Quartell Joan Calabuig i Gaspar defiende un cambio en el sistema educativo desde de la convicción de que «aprendes música más fácil con instrumentos antiguos» y de que, iniciarse con estos, hace más sencilla la práctica cruzada de nuevos instrumentos, con las ventajas que eso conlleva.

«El aprendizaje musical debía empezar por instrumentos antiguos. Si a un estudiante de siete o nueve años le entregamos un clarinete actual, el esfuerzo que debe realizar para ejecutar sonido puede llegar a romper la naturalidad de su interpretación. En cambio con el chalumeau, que pesa muchísimo menos, tanto la fuerza, como la presión del aire o el peso del instrumento son inferiores y mucho más indicadas para iniciar su camino musical. Es un aprendizaje más natural», afirma.

En su propuesta de renovación del itinerario formativo para fortalecer la expresión musical, Calabuig reivindica otros instrumentos originales como la flauta de pico, el clavicémbalo o la viola da gamba entre otros para forjar una musicalidad más expresiva.

«Un instrumento que a priori puede parecer un juguete tiene más potencial interpretativo . Si a ello sumamos que el estudiante es capaz de interpretar sin verse obligado a forzar nada, la emoción será mayor», afirma en su apuesta por la renovación que, tras años de investigación, ha plasmado en su tesis doctoral dirigida desde la Universitat Autònoma de Barcelona por César Calmell y Kai Köpp.

Para avalar sus conclusiones, este clarinetista que también trabaja con Jordi Savall y la Orquesta de le Concert des Nations, ha incluido mediciones de la fuerza que debe realizar un intérprete sujetando el clarinete moderno, realizadas con un electromiograma de superficie.

Adaptación personal

También ha experimentado cómo alteran y afectan diversos instrumentos en cada persona y, por tanto, opina que no se debe generalizar en ningún colectivo ni instrumento. De hecho, aboga por la adaptación instrumental a la fisionomía personal como una de las claves para una posible mejor proyección, tanto física como académica, de los estudiantes; todo, partiendo de un estudio o apreciación individual para que el instrumento proporcionado para la iniciación sea lo más cercano posible al estado en reposo del estudiante. Esto, a su juicio, proporcionará resortes fundamentales para crecer en interpretación. «No podemos sacrificar musicalidad como consecuencia de la técnica. Es contradecir el espíritu comunicativo de la música», dice.

Calabuig, que fortalece actualmente su formación en Hochschule der Künste Bern en Suiza y forjó su internacionalización con un máster en la Universidad de Poitiers de Francia, aboga además por incentivar espectáculos didácticos con el objeto de mostrar a los futuros intérpretes la potencialidad de estos instrumentos.

Un ejemplo es «Clarinetarium», un espectáculo-concierto con años de rodaje que logra entusiasmar al público infantil y juvenil con el descubrimiento de los múltiples registros del clarinete. Él mismo, además, ha creado otro propio, «Petjamúsica» en el que se traslada al público escolar y a las familias a gozar con la interpretación lúdica de instrumentos desconocidos. «El valor creativo y emocional de la música debería convertirse en uno de los puntales del siglo XXI; ante la omnipresencia de las pantallas reivindico el instrumento histórico, no desde la nostalgia sino desde la verdadera fuerza de su expresividad», concluye.

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